Vida jurídica

Abogados cada vez más tecnológicos

Abogados cada vez más tecnológicos

Hablar de abogados tecnológicos o, como prefieren la mayoría de ellos denominarse, abogados TIC, especializados en tecnologías de la información y la comunicación, requiere desmontar tópicos. En primer lugar, el de los abogados del siglo XXI como esos señores o señoras cargados con imposibles maletas rebosantes de papeles grapados o trabajando arropados por una centenaria librería de caoba y luz cenicienta.

Según Pere Huguet, vicepresidente del Consejo General de la Abogacía Española (CGAE) y presidente de la Comisión de Programas, Estructuras y Aplicaciones Informáticas, “la abogacía tiene un grado de implementación de las nuevas tecnologías mayor que el de muchas otras profesiones. La abogacía española es de las más modernas de nuestro entorno”. Desde el punto de vista institucional, la inmersión en estas herramientas tiene cotas muy altas, así como exigentes niveles de seguridad.

Un ejemplo de esta apuesta de la abogacía institucional por las TIC está en el uso del correo electrónico. “Todas las cuentas que los colegios de abogados dan a sus miembros están alojadas en el CGAE con requisitos de seguridad, hasta el punto de que los datos que se transmiten desde estas cuentas están encriptados para garantizar el secreto profesional”, señala Huguet.

Expedientes electrónicos, jurisprudencia digital, bases de datos jurídicas en dispositivos móviles o notificaciones virtuales son elementos cotidianos, aunque el esfuerzo choque en muchas ocasiones “con una falta de adaptación de la Administración de justicia. Es urgente que el esfuerzo de los operadores jurídicos por dar el salto tecnológico esté acompañado de uno similar en los juzgados y tribunales”, reflexiona el responsable del CGAE. Según declaró el pasado mes de febrero en el Congreso de la Asociación de Expertos Nacionales de la Abogacía TIC (Enatic), “el futuro pasa por abogados que conozcan el derecho digital. En la actualidad, es inconcebible que un bufete no cuente con un experto en derecho de las nuevas tecnologías”.

Las TIC han generado un nicho de mercado en el sector cada vez más pujante

En esta dirección de progreso digital, el 29 de abril se reunirán en Madrid representantes del Ministerio de Justicia, la Fiscalía General del Estado, el Consejo General del Poder Judicial y los Consejos Generales de la Abogacía y de los Procuradores para poner en común los esfuerzos de puesta al día digital de los operadores jurídicos, en una jornada de trabajo sobre las tecnologías de la información en la modernización de la justicia. Una muestra del creciente interés de la materia para el mundo legal.

Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) no son solo herramientas de optimización del trabajo en el sector legal como lo pueden ser en cualquier otra actividad económica o profesional. También han generado un espacio, un nicho de mercado en el sector cada vez más pujante. Son numerosos los abogados que orientan su carrera profesional por esta vía, como es el caso de Leandro Núñez, socio de Audens. “No se puede decir que el Derecho TIC sea una nueva especialidad del Derecho porque afecta en realidad todo el Derecho. Es la forma de dar respuesta a los problemas de siempre, pero en la nueva realidad”, dice el letrado, que explica que el delito de injurias o la apropiación indebida de la propiedad intelectual son conceptos jurídicos preexistentes al tiempo digital, “lo que cambia es la forma en la que se manifiestan en un entorno tecnológico”. Es por ello, continúa, que “los abogados TIC interpretamos los problemas o las reglas del mundo offline para el mundo online”, explica Núñez. Para ello, se requieren “unos conocimientos técnicos sin los que no es posible actuar eficazmente en esta materia”.

Coincide en esta conceptualización Paloma Llaneza, socia del despacho Razona Legaltech, que se define como espacio jurídico-tecnológico y quien asegura que para ser un buen abogado TIC lo principal es ser “un buen abogado y tener una sólida formación jurídica”. La especialidad, afirma, consiste en “tener una gran capacitación técnica y no llegar a apoyarse en expertos”. Esta formación ayuda a “comprender el medio y tener muy bien amueblada la cabeza para ser capaces de entendernos con otros profesionales, como los ingenieros”.

Otra característica de estos abogados “más que modernos, complejos”, indica Llaneza, que también ejerce de presidenta de la Comisión TIC del Colegio de Abogados de Madrid, recientemente constituida por el especial impulso de su junta de gobierno a esta materia, es “trabajar con flexibilidad y en equipo, y tener un concepto muy creativo de la profesión, probablemente porque nuestra clientela lo es generalmente también”.

Javier Puyol, magistrado y letrado del Tribunal Constitucional y ahora dedicado a la abogacía TIC, acaba de recibir el accésit del I Premio de Investigación de la Cátedra Google por la Universidad San Pablo CEU, después de obtener el Premio Innovación BBVA en 2013. En su opinión, las dos contribuciones más destacables de la abogacía TIC son “dotar de arquitectura jurídica a los proyectos de I+D y ayudar a adecuar los comportamientos sociales, económicos y culturales a los planteamientos jurídicos que nacen de las nuevas tecnologías”.

Asimismo, recalca que “lo que hacemos no es nuevo Derecho, sino acomodar el existente a la realidad en la que hoy se desenvuelve el tráfico jurídico”. Rechaza así el “mito” de que los abogados sean conservadores y “pongan palos en las ruedas del progreso”, un absurdo, ya que los abogados “se deben a sus clientes y a lo que estos les reclaman”. Por otra parte, los abogados “aportan mucho valor a las empresas, ayudándolas a mejorar su negocio con un buen uso de las nuevas tecnologías”, concluye Puyol.

Las empresas los buscan y los necesitan

Los principales clientes de los despachos tecnológicos son las empresas. Un espacio de crecimiento sostenido para los profesionales del sector legal que han sabido ver las necesidades que el nuevo escenario digital genera en la economía. “Nosotros desarrollamos dos funciones: una preventiva y de asesoramiento, para evitar que un mal uso de la tecnología genere daños a las empresas que las usan, y otra litigiosa, para defender sus derechos cuando se vean perjudicados por el mal uso que hagan otros. Y en este caso, la especialización es determinante, ya que en la red no hay fronteras y es frecuente encontrarse con casos que estén sujetos a otras jurisdicciones”, dice el socio de Audens Leandro Núñez.

Empresas que buscan “la seguridad que ofrece un asesoramiento técnico jurídico que les haga actuar con confianza en el uso de las tecnologías de información”, según Paloma Llaneza. Una no tan nueva realidad que afecta de forma universal a todo perfil de empresas, independientemente de su tamaño u objeto. Un perfil de abogacía que resulta muy atractivo porque apuntala “las necesidades de crecimiento y estabilidad del negocio de muchas empresas que quieren competir, que buscan en las nuevas tecnologías un punto de apoyo para la expansión”, en opinión de Puyol.

Sin olvidar que cuando es inevitable llegar a una solución contenciosa, la especialización de un abogado TIC puede ser determinante para obtener una resolución favorable teniendo en cuenta que el grado de inmersión de la judicatura en el mundo digital todavía necesita mayor impulso. “Cada vez más jueces están al día en asuntos tecnológicos, pero aún queda un importante camino por recorrer”, considera Núñez.

Un escenario en el que la especialización del abogado es la mejor garantía de unos clientes que exigen un alto grado de profesionalidad.