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Otra política de RBS arruinada

La estrategia de Royal Bank of Scotland se ha echado a perder por consideraciones políticas –una vez más–. El ministro de Finanzas de Reino Unido, George Osborne, ha bloqueado al banco la posibilidad de pagar bonificaciones de un valor superior a dos veces el salario –en contra de la voluntad de la mayoría del resto de los accionistas–. Ese es el último giro de una larga y triste saga.

No es ninguna sorpresa que el estado, que posee el 80% de las acciones de RBS, haya intervenido. Los políticos de Reino Unido y los ejecutivos de RBS por igual han estado durante cinco años atrapados entre la moderación y la necesidad de garantizar que los banqueros de inversión de RBS cobrarían unas cantidades competitivas, aunque solo fuera para proteger la franquicia. El compromiso solía ser pagar a los banqueros, mientras el ya ex consejero delegado Stephen Hester se veía obligado a renunciar a su propia bonificación.

Es algo irónico que Osborne se entrometa para asegurar que el tope de los bonus –promulgado por una ley europea que Londres ha impugnado ante un tribunal– se aplique a RBS en su versión más estricta. El gobierno de se opone al límite alegando que reduce la flexibilidad en los pagos.

La razón por la que Osborne ha cambiado de rumbo se debe al reciente cambio de prioridades del gobierno. El año pasado, la protección de los valores parecía menos importante que convertir de nuevo RBS en una entidad concentrada en Reino Unido, prestamista comercial y minorista de apoyo a la economía. Eso en sí refleja la división de la coalición gobernante entre los conservadores tradicionales y los liberales demócratas. El nuevo consejero delegado Ross McEwan ya ha comenzado a transformar el banco de inversión en algo más agresivo.

Mientras que un RBS más centrado que pone en práctica la moderación salarial es algo bueno, la interferencia estratégica permanente no lo es. Por su parte, UK Financial Investments, el supuesto organismo oficial con “plena competencia” para dirigir la participación en RBS con una base comercial, quería aumentar el tope. Eso muestra claramente que RBS sigue siendo un partido de fútbol político –lo que hará que el trabajo de McEwan sea casi tan difícil como fue el de Hester–.