Editorial

El futuro del sector alimentario

La percepción de que el sector alimentario ha resistido con especial fortaleza los embates de la crisis cuenta con evidencias contrastadas sobre el terreno. El Círculo de Empresarios presentó ayer un estudio sobre las 50 empresas medianas que han solventado con mayor éxito la recesión que define en pocos rasgos el perfil de ese tipo de negocio: con unos 150 empleados, del sector alimentario y radicado en Cataluña. El informe utiliza tres parámetros –productividad, margen operativo y rentabilidad– para realizar la clasificación y abarca el período comprendido entre 2006 y 2011. Aspectos como la capacidad de internacionalización o la innovación explican que estas compañías hayan sorteado con mejor suerte las pruebas de un invierno tan largo y tan duro como la que ha vivido España en los últimos años. Pese a ello, los resultados del informe no deberían ser una sorpresa. Las credenciales que puede ofrecer la industria alimentaria española son un ejemplo de musculatura. No solo se trata del primer sector español en términos de facturación, con ventas anuales que equivalen al 20% del total de las ventas netas de toda la industria española, sino que ocupa la cuarta posición por facturación en Europa y la octava mundial.

Con esa hoja de servicios como sólido aval, la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB) presentaba hace apenas dos semanas al Gobierno un ambicioso plan estratégico cuyo objetivo es reforzar este sector como motor de crecimiento económico, creación de puestos de trabajo e internacionalización. La iniciativa, artículada en colaboración con el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y respaldada por grandes empresas españolas, constituye un ejemplo de estrategia con metas cuantificables y objetivos medibles. Unas metas que incluyen impulsar un 10% en seis años la proyección internacional del sector.

Sin embargo, una cosa es la internacionalización del sector y otra diferente la pérdida de nombres emblemáticos que la industria alimentaria española corre el riesgo de sufrir como consecuencia de la crisis. Es el caso de la antigua SOS –hoy Deoleo–, inmersa en un proceso de subasta al que aspiran distintos fondos internacionales de capital riesgo, pero en el que no figuran apuestas estratégicas presentadas por empresas españolas. La presidenta de la CNMV, Elvira Rodríguez advertía ayer, durante el foro CincoDías, que España no puede permitirse “perder Pescanova”, en alusión al riesgo de que el concurso de la compañía termine en una liquidación. Como tampoco España debería permitirse el lujo de perder marcas consolidadas que integran la musculatura y la identidad de un tejido empresarial que resulta clave para afrontar el futuro.