Secretos de despacho

Tres puertas siempre abiertas en Interbrand

Gonzalo Brujó preside una firma en la que dice que no hay secretos

“De mi equipo miro a las personas, que sean buena gente, que tengan ganas de unirse al proyecto”

Gonzalo Brujó en su despacho.
Gonzalo Brujó en su despacho.

Mira lo que hemos hecho para Iberia”. Gonzalo Brujó (Madrid, 1974), presidente de Interbrand para Latinoamérica y España, despliega en su despacho, nada más recibir al periodista, una enorme cartulina con la nueva imagen de la aerolínea. El pliego muestra cientos de imágenes con detalles, como los nuevos asientos, restauración, logotipos, salas vip... Y es que esta empresa de origen estadounidense se dedica a crear y gestionar marcas. Por sus manos han pasado decenas de grandes empresas. Últimamente, Repsol, Iberia o Moda España.

Brujó se formó en Ciencias Políticas y Sociología y más tarde en Comunicación en EE UU. Allí empezó su carrera profesional, donde trabajó ocho años en Nueva York y Boston. Hasta que hace una década, en Interbrand le pidieron que asumiera el reto de abrir la filial en España. Desde entonces es el miembro más joven del comité global de la firma.

Una bola de brujo

Tres puertas siempre abiertas en Interbrand

Sobre el estante de la sala de reuniones de su despacho reposa una bola de cristal de las que utilizan los adivinadores para ver el futuro. “Es una broma de un amigo por mi apellido. Una bola de brujo para un Brujo”, cuenta. En esa misma sala descansan sobre el suelo dos grandes cuadros coloridos de arte latinoamericano, del que es coleccionista. “Los traigo aquí porque mi mujer ya no me deja llenar más mi casa”, bromea. La sala es moderna, decorada hace unos meses, en blanco y de mobiliario funcional.

El despacho es muy luminoso porque toda la pared frontal, según se accede, es de cristal. La pared opuesta también es transparente, por lo que desde el pasillo se ve perfectamente lo que hace el presidente. Por las dos salas se ven numerosos regalos de clientes, como coches de Fórmula 1 de Ferrari y de McLaren (patrocinados por Santander), una miniatura de un Mini, un avión de Iberia o el logotipo de Repsol tridimensional. Junto a su escritorio, múltiples botellas personalizadas de Coca-Cola y una silla de madera también de esa marca. Sobre su mesa, un portátil y algún libro. Desde dentro se ve, en el pasillo, un óleo de un camión de Coca-Cola que Brujó compró.

Interbrand es muy conocida por sus informes sobre las mejores marcas del mundo, entre las que no hay muchas españolas. Solo Zara destaca. Brujó suma a Santander entre las mejores. “El problema es que las marcas españolas pueden ser internacionales, pero no globales. Apenas están en EE UU y Asia”. Como futuras candidatas ve a BBVA y a Movistar. “Me gusta más Movistar que Telefónica, porque es más corto y funciona también en inglés”, resalta.

Su día a día difícilmente se repite. Cada 20 días viaja a Latinoamérica, donde es el máximo responsable de las ocho filiales. Por allí se pasa otras tres semanas. “Lo que más me cansa es ir de avión en avión con las maletas”. Como buen viajero, muestra un pinganillo que lleva en la oreja para hablar por teléfono cómodamente y un iPad que le acompaña a todos los sitios.

Aunque asegura que en aquel continente hay “grandes oportunidades”, hace hincapié en las que también ofrece nuestro país. “España es espectacular. Tenemos cosas increíbles, como la T4, la sanidad, los servicios públicos, el AVE o los autobuses. Vivimos posiblemente en el mejor país del mundo”, declara optimista. “¡Qué difícil es moverse en las ciudades de América Latina! Son mucho más hostiles”, comenta. Ante la pregunta de si se olvida de los seis millones de parados, reconoce que es la gran tarea del Gobierno y de los españoles. “También es un tema de ética. Mucha gente cobra en b y no todo el mundo paga el IVA. No puede recaer todo el esfuerzo en los asalariados y que haya autónomos y pymes no demasiado honestos”.

En los viajes aprovecha para escribir un nuevo libro (lleva ya cuatro en solitario, más alguno en común con otros autores). Esta vez sobre las marcas latinoamericanas que el mundo verá próximamente. “Me está costando, pero es que ha sido un tiempo convulso en el que había que estar con los clientes”.

Afirma que pasa poco tiempo en su despacho en Chamberí. “Me gusta escaparme a ver a los clientes. Y siempre voy en moto”. Cuando se encuentra en la oficina, no se encierra. “Las tres puertas están las 24 horas abiertas”, confiesa. “Para mí no hay secretos. El equipo sabe lo bueno y lo malo”.

Su zona de trabajo ocupa dos estancias. Una de las salas está presidida por una mesa de juntas, donde está una de las puertas. El otro acceso se sitúa frente al área de su escritorio y entre las dos estancias, una puerta de corredera. “Solo cierro las puertas cuando me quiero aislar, cuando no quiero molestar con alguna llamada. Pero yo realmente no deseaba despacho, yo quería estar con mi equipo. Pero la normativa del grupo, por confidencialidad, no lo permite”.

De su equipo busca “que sean buena gente”. “Miro a las personas, que tengan valores, que quieran unirse a un proyecto. De esta crisis hemos aprendido que hace falta una vuelta a los valores de la ética y del trabajo”. Incluso dice confiar más en los profesionales salidos de IESE [centro del Opus Dei] que de otras escuelas de negocios, porque “son más robustos gracias a los valores de la Iglesia” .