Editorial

El destino de Aena está en la Bolsa

La caída de pasajeros por la crisis y la creciente y durísima competencia del AVE dibujan el complejo marco con el que han tenido que lidiar los gestores de Aena para mejorar la rentabilidad de la sociedad pública de gestión de aeropuertos y navegación aérea. Recortar deuda y ajustar costes eran dos objetivos ineludibles para el equipo gestor llegado hace un par de años. Y, a la vez, resultaba imprescindible mejorar los ingresos con una gestión más eficaz de las extraordinarias posibilidades comerciales que ofrecen buena parte de las instalaciones aeroportuarias, la racionalización de servicios en las terminales de bajo tráfico y la mejora de la política de tarifas. Una estrategia de impulso a la eficiencia operativa y la productividad –recorte de plantilla incluido– que a la vista de los datos empieza a dar resultado. El grupo entró en beneficios en 2013 y, aunque la información ofrecida sobre el grupo no sea exhaustiva, sí resaltan los casi 600 millones de beneficios de Aena Aeropuertos, la división que el Gobierno desea privatizar, que gana dinero por primera vez. Con las cuentas saneadas, una importante generación de caja y el grueso de inversiones realizadas, el primer gestor aeroportuario del mundo debe poner rumbo directo a la privatización, y más cuando el mercado bursátil da muestras de hambre inversora.