Tribuna

ATCI: obstáculos en el camino

Esta semana se está celebrando en Bruselas la cuarta ronda de negociaciones para el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (ATCI) entre la Unión Europea y Estados Unidos. Sin duda alguna, la firma de un acuerdo integral en este marco impulsaría notablemente la confianza de los inversores, contribuyendo así a liberar las reservas de efectivo de las empresas a ambos lados del Atlántico para destinarlas a inversiones de gran calibre. Las estimaciones señalan que las compañías de la eurozona cuentan con un efectivo por valor de dos billones de euros y las empresas estadounidenses no financieras, con 1,5 billones de dólares en sus balances.

No obstante, desde una perspectiva europea, existen tres obstáculos principales que sería ineludible superar para que el pacto llegue a buen puerto.

En primer lugar, es necesario que Europa y sus dirigentes hablen con una sola voz y estén dispuestos a comprometerse entre ellos en relación a aspectos clave del acuerdo comercial; algo que resulta más sencillo, sin duda, en la teoría que en la práctica. Desafortunadamente, lograr que Europa se pronuncie a través de una única voz no es un reto nuevo. Algunos Estados miembros tienen un mayor entusiasmo por el libre comercio y el refuerzo de los lazos con Estados Unidos que otros y lo cierto es que algunos países se beneficiarían más del pacto que otros. Sin embargo, es vital que los países consensúen los compromisos necesarios para lograr que este proyecto resulte beneficioso para el conjunto de la Unión, incluso aunque algunos lleguen a considerarlo potencialmente opuesto a los intereses particulares.

En segundo lugar, tanto la Unión Europea como Estados Unidos deberán trascender sus límites tradicionales en lo referente a negociaciones comerciales y ofrecer mayores concesiones de las que acostumbran. Esto se refiere al capítulo de carácter normativo que incluye el ATCI y que debe lidiar con el delicado asunto de las barreras no arancelarias, y a que ambas partes de la negociación son equiparables en términos de dimensión y fortaleza económica. Tanto la Dirección General de Comercio de la Unión Europea como la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) tendrán que cambiar su estrategia habitual de negociación y concebir fórmulas innovadoras para superar las complicadas diferencias en pro del ATCI.

Por último, la consecución de este anhelado acuerdo integral solo podrá hacerse realidad si las asociaciones de consumidores y trabajadores, así como las agrupaciones medioambientales y de otros ámbitos de la sociedad, adquieren la suficiente confianza en cuanto a que los beneficios resultantes superarán los riesgos potenciales para sus intereses esenciales. El papel del Parlamento Europeo será clave para superar este último escollo.

El tiempo es determinante porque la cuenta atrás ha comenzado. Por lo tanto, este es el momento de dar el paso de gigante para que el proceso avance realmente antes de que concluya el mandato de Karel De Gucht como comisario europeo de Comercio a finales de año y, desde luego, antes del periodo de elecciones presidenciales en Estados Unidos en 2016.

Con su establecimiento, este acuerdo transatlántico no contentaría a todos, pero sí elevaría la prosperidad de muchos. Así por ejemplo, supondría un impulso a las exportaciones totales de la Unión Europea, máxime tras un 2013 en el que crecieron un tímido 1%. En este capítulo, España podría resultar muy beneficiada teniendo en cuenta que, aun a pesar de la tendencia al alza de sus exportaciones, que aceleraron su crecimiento conjunto al 5,2% el pasado año, las ventas a Estados Unidos decrecieron un 3,7%.

Se trata de una gran oportunidad que ni Estados Unidos ni la Unión Europea pueden permitirse desaprovechar. Requiere que todas las partes implicadas hagan lo posible para que la alianza cuente con las mayores posibilidades de éxito, lo cual implica realizar los esfuerzos necesarios para superar, al menos, los principales obstáculos con realismo y resolución. Los beneficios potenciales del ATCI hacen que estos esfuerzos valgan la pena y que sean imperativo económico tanto para la Unión Europea como para Estados Unidos.

Daniel Carreño es presidente de GE España y Portugal.