Editorial

Desactivar el conflicto ucranio

Decía ayer el presidente ruso, Vladimir Putin, que todos debían considerar las consecuencias de un conflicto en Ucrania, dado que la interconexión de las economías no libraría a nadie del daño. No le falta razón, y la prueba evidente es que el ataque de nervios que el pasado lunes experimentaron las Bolsas de todo el mundo se corrigió ayer con estas declaraciones, y otras parecidas del primer mandatario ruso: “La ocupación militar de Crimea es el último recurso”, “de momento no hay necesidad de utilizar la fuerza en el país vecino”, a la vez que reconocía haber devuelto a sus cuarteles las unidades movilizadas.

Pero el asunto dista mucho de estar resuelto y en los mercados se extiende una sombra de temor sobre las materias primas en general y la energía en particular, de la que Rusia provee a Europa en parte a través del cordón umbilical de Ucrania, y que podría dejar en suspenso la recuperación de la economía. Ni Europa puede prescindir del gas ruso, ni Rusia puede prescindir del mercado europeo. A ambas partes interesa una Ucrania solvente económicamente y estable, y no es posible esta segunda condición sin garantizar la primera. En manos de los vecinos de ambos flancos está la solución, en la que debe participar financieramente el FMI, y dejar que Kiev amplíe lazos comerciales al oeste y al este.