Los seguros de renting no cubren a los familiares ni los siniestros por alcoholemia

Me voy de finde con el coche de empresa

Me voy de finde con el coche de empresa


Me han dado coche de empresa”. Muchos son los que alguna vez han imaginado pronunciar esta frase, entre otras cosas porque suele ir vinculada a un ascenso en el trabajo. En España, premiar a los empleados con este incentivo es habitual y el renting es una de las soluciones más frecuentes utilizadas por las compañías para pagar en especie al personal, que usa el coche para trabajar, pero también para ir de vacaciones.

Profesionales de cuello blanco o con mono son los principales destinatarios de este incentivo, casi siempre de uso mixto. Según dicen en la Asociación Española de Renting de Vehículos, en España, el 80% de las flotas de renting, integradas por más de 400.000 coches, que suelen combinar el uso profesional y particular. Lo único que conviene recordar es que como pago en especie tributa en el IRPF, cotiza a la Seguridad Social y tiene condiciones de uso.

Disfrutar de una gama de vehículos más alta de la que nos podríamos permitir si tuviéramos que pagarlo de nuestro bolsillo es el principal atractivo de este incentivo, según cuenta Gloria Villar, responsable del área laboral de la consultora Mercer. Resulta mucho más barato para el profesional disfrutar de un coche de empresa en renting que comprarlo, ya que esta fórmula permite disfrutar, por ejemplo, de un Mercedes o un BMW de 30.000 euros por solo 3.000 euros al año, prorrateado en 12 nóminas.

En España, al igual que en Portugal, el coche de empresa está más implantado que en otros países de Europa o en Estados Unidos, “porque hay más cultura de llevar un coche chulo”, según explica Villar. Consultorías, auditorías, multinacionales y laboratorios farmacéuticos, con el visitador médico como paradigma, son las principales áreas de actividad más proclives a incentivar con el coche de empresa, pero desde hace unos años Hacienda ha intensificado la vigilancia, dada la frecuencia del uso privado.

A diferencia del coche solo para uso profesional, que duerme en el garaje de la compañía, va rotulado o es una furgoneta y es considerado un mero instrumento de trabajo, el empleado que cuenta con este incentivo tiene que saber que la parte correspondiente al uso privado (que suele ser, en la mayor parte de las ocasiones, del 50%) tiene que ser repercutido en su salario, fijado en el 20% del valor de mercado del vehículo nuevo, según expertos fiscales. De lo contrario, se incurriría en fraude. Esta cuantía tributa con el resto de su salario por el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) y cotiza a la Seguridad Social.

Conviene no olvidar que normalmente las compañías, que se desgravan como gasto estos coches, establecen condiciones para su uso personal, recogidas en la mayoría de los casos en un contrato que hay que leer despacio. Generalmente, solo puede utilizarlo el titular del vehículo, no el cónyuge o los hijos; las multas impuestas fuera del horario laboral corren por parte del empleado; los seguros de los vehículos de renting no suelen cubrir las infracciones cometidas por alcoholemia y otros usos indebidos del coche, y en el caso de conducirlos otros miembros de la familia, la prima correrá a cargo del empleado.

Estas condiciones se han ido endureciendo con el tiempo, dice Villar. “Antes, muchas compañías buscaban soluciones a los conductores a los que se les había retirado el permiso de conducir o se hacían cargo del combustible y multas. Ahora los gastos o perjuicios originados son repercutidos al empleado”, añade. A cambio, las ventajas para el particular son el ahorro en los gastos de mantenimiento y revisiones del vehículo, en el seguro y el impuesto de circulación, que corren a cargo de la compañía de renting, además de disfrutar de un coche de no más de cinco años de antigüedad.

Una de las tendencias que ha empezado extenderse en países como Holanda, Inglaterra, Francia o Bélgica, donde el renting está muy arraigado, es la cesión de vehículos por parte de las compañías a los empleados cambio de una cuota mensual, aunque no sea para uso profesional. Para David Henche, director de marketing de LeasePlan, al quitar la cuota mensual del sueldo bruto, el trabajador tributa menos porque rebaja la base imponible. “Esta tendencia todavía está muy verde en España debido a los constantes cambios en la normativa española”, afirma Henche.
Asimismo, en otras compañías, sobre todo las norteamericanas, la política de flotas permite al empleado elegir el modelo en función del presupuesto asignado, configurar el coche él mismo e incluso escoger un modelo hasta un 20% más alto del presupuesto, luego repercutido en su salario, según afirman en LeasePlan.

Aunque los modelos de segmentos altos, tipo A8, están muy extendidos entre los directivos, el 65% de los vehículos en renting pertenece al segmento de gamas medias con el equipamiento de serie, asegura Agustín García, presidente de la Asociación Española de Renting, tipo Ford Focus, muy usado por los visitadores médicos, o el Mondeo. Los vehículos eficientes, menos contaminantes (menos de 120 gr de CO2), también están impulsando el mercado de las flotas, puntualizan en Arval.

Las pymes defraudan más

Me voy de finde con el coche de empresa

Es un clásico el profesional que usa un vehículo de empresa de forma privada las 24 horas del día y lo tiene declarado como coche de uso profesional. Esta circunstancia se ha detectado de forma recurrente en las inspecciones convencionales que hace Hacienda a las empresas, según han señalado en la Agencia Tributaria.
Aunque es difícil de detectar este tipo de fraudes fiscales, un accidente de tráfico ocurrido en periodo vacacional, en fin de semana o fuera del horario laboral o repostar combustible cuando la empresa está cerrada por vacaciones puede poner de manifiesto las irregularidades cometidas por el conductor o las compañías. Además, también el no repercutir en el salario de los trabajadores la cuantía correspondiente a este pago en especie (el 20% de valor del mercado si se trata de un coche en renting o el 20% del valor de compra cuando el coche es adquirido).
Lo habitual es que las empresas se deduzcan el combustible, las reparaciones y el seguro del vehículo como gastos, además del IVA, cuando el coche tiene un porcentaje de uso privado, no declarado. “Este tipo de trampujas son más habituales entre las pequeñas y medianas empresas”, comenta José María Mollinedo, secretario general de Gestha (Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda).
No obstante, para la Asociación Nacional de Vendedores de Vehículos a Motor, Ganvam, una fiscalidad más ventajosa para este incentivo promovería el uso privado de las flotas, que impulsaría la renovación del parque automovilístico español.

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