Editorial

La administración más eficiente

La de la Administración Pública es la reforma del Gobierno que menos aprecia la ciudadanía, que más alejada considera de sus deseos, y de la que menos valora cuantas cuantificaciones de ahorro se le ofrezcan, aunque éstas ronden los 30.000 millones de euros. Como administrados, los españoles han encajado la reducción de servicios en todos los órdenes, pero como contribuyentes siguen considerando que se les exige mayor esfuerzo a cambio de cada vez menos prestaciones. Y que posiblemente esos esfuerzos podrían tener otro reparto. Dando por descartada cualquier revisión de la estructura política del país -que es una de las causas fundamentales del tamaño y disfunción de la administración, de sus ventanillas, de sus plantillas, de su sobrecoste y de su ineficiencia-, muchos expertos no terminan de comprender porqué con los vertiginosos avances de la tecnología, no se ha redimensionado homogéneamente el número de empleos públicos. Es evidente que en servicios como la sanidad o la educación el factor humano es insustituible, y seguramente escaso en efectivos.Pero no menos evidente es que en otros muchos servicios prestados, cuyo catálogo debería actualizarse y adelgazarse, sigue habiendo manos inactivas. España tiene pocos recursos y debe pensar bien en qué los gasta.

Normas