Tribuna

El riesgo de la deuda

En el tercer trimestre 2013, la deuda pública de la Eurozona registraba el primer descenso en términos absolutos desde el cuarto trimestre 2007. Ésta se situaba en 9.066.419 millones de euros (95.1% del PIB) frente a 9.096.091 millones de euros (95.7% del PIB) en el segundo trimestre 2013, teniendo estas cantidades en cuenta los préstamos otorgados entre países de la UE a raíz de la crisis financiera y que en septiembre ascendían a 224.686 millones de euros.

Las anteriores cifras nos recuerdan los riesgos que entrañan las elevadas cantidades atesoradas de deuda pública, sin que debamos articular un discurso optimista a raíz del recorte del tercer trimestre. En 2011, la deuda descendía en 1.3 puntos en el mismo trimestre y en 2012 se mostraba casi estable, lo cual señala que estamos ante una cuestión puntual. Además, las perspectivas son al alza y la Comisión Europea y el FMI estiman que en 2013 y 2014 la deuda pública de la Eurozona se situará entre el 95,5% y 96% del PIB.

El problema de este desafío es que la situación no es homogénea por países, ni en lo que se refiere a la deuda acumulada, ni a las previsiones de crecimiento. La mejora del sentimiento hacia la periferia europea ha sido muy palpable en los últimos meses y ha continuado en 2014. Las agencias de rating están teniendo un importante papel en este proceso y el último ejemplo es Irlanda. Moody’s, la única de las tres grandes agencias que mantenía en nivel de bono basura la deuda irlandesa, recientemente devolvía su nota a grado de inversión y situaba su perspectiva a largo plazo en positivo.

Sin embargo, la realidad es que la deuda pública de seis países de la Eurozona supera el 100% del PIB: Bélgica (103,7%), Chipre (109,6%), Irlanda (124,8%), Portugal (128,7%), Italia (132,9%) y Grecia (171,8%). Un club al que en 2015, según la CE, se unirá España (104,3%), previendo el FMI que en 2018 todos estos países, con excepción de Bélgica, sigan contando con una deuda superior al 100%.

El pasado martes, coincidiendo con la actualización de sus previsiones globales, el FMI alertaba del lastre sobre el crecimiento de las economías europeas sometidas a mayores tensiones que suponían sus elevados niveles de deuda, también privada en el caso español. Asimismo, muy adecuadamente llamaba la atención respecto a los efectos adversos sobre el desapalancamiento que implican los bajos niveles de inflación y el riesgo de un giro a la baja de las expectativas en este ámbito; pues juegan en contra de la carga de la deuda real y a favor de aumentos prematuros de las tasas de interés reales.

La inflación cerró 2013 con un incremento del 1,4% en la UEM pero el BCE espera que modere hasta el 1,1% en 2014, aunque algunos de los países más endeudados han experimentado cifras menores. Grecia es el ejemplo extremo con una caída de la inflación del 0,9% en 2013, esperándose que continúe en negativo en 2014. Por otro lado, aunque mejora, el escenario de crecimiento es modesto para disminuir la carga de la deuda periférica y, además, los déficits públicos siguen sumando. No obstante, en septiembre de 2014 llegará un ligero bálsamo para los ratios de deuda que en el caso de España retrasará la superación del nivel del 100%. En esta fecha tendremos las primeras cifras europeas de PIB con una nueva metodología que busca hacer la estadística más consistente y mejorar su comparabilidad, pero que según Eurostat también supondrá un incremento del mismo del 2,4% en la UE. La nueva metodología, ya utilizada por EEUU, supone que el gasto en I+D ahora será considerado inversión y sumará cerca de un 1,9% al PIB de la UE, ocurriendo lo mismo con el gasto en armamento, mientras que se mejora la medición de la aportación del sector asegurador y de las exportaciones e importaciones. Bien es cierto que estos cambios beneficiarán principalmente a países con una mayor apuesta por la tecnología, destacando Finlandia y Suecia que sumarán entre 4 y 5 puntos al PIB. Sin embargo, España, Italia o Portugal también sumarán entre 1 y 2 puntos, maquillando en 2014 los problemas de la deuda pública, a pesar de jugar en contra el entorno de baja inflación y modesto crecimiento. En suma, aunque vivamos un momento dulce en la Eurozona, los riesgos ligados a la elevada deuda pública en la periferia no desaparecen y, efectos balsámicos del nuevo PIB a un lado, ésta supone una gran losa a largo plazo. De darse una recaída de la actividad o cualquier episodio de fuerte tensión, no habría margen de acción.

Francisco Vidal es economista de Intermoney.

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