Editorial

Un gran año para el sector turístico

El balance de actividad en 2013 del sector turístico constituirá, a falta de cerrar oficialmente los números de diciembre, una de las mejores noticias económicas del año que acaba de finalizar. Los datos hasta noviembre permiten calcular una cifra anual de más de 60 millones de visitantes, lo que supone un nuevo máximo histórico y supera en casi dos millones el anterior récord de la serie estadística, alcanzado en 2008. El repunte de turistas se ha traducido en una cifra de ingresos de 45.000 millones de euros. Ambas marcas permitirán a España consolidar la segunda posición mundial por ingresos y superar a China como tercer destino más visitado. Ese crecimiento, unido al recorte de gasto de los turistas españoles en el extranjero, propiciará un superávit cercano a los 33.000 millones de euros en la balanza de pagos turística. La cifra serviría para superar tres veces el déficit comercial, cifrado en 8.000 millones y traerá consigo una importante corrección del déficit por cuenta corriente, que cerrará 2013 en superávit y podría superar incluso el 1,7% previsto en el cuadro macro del Gobierno.

El magnífico ejercicio que cierra el sector turístico permitirá corregir el traspiés que se vivió en 2008 –año en que España perdió la segunda posición como destino más visitado del mundo en favor de Estados Unidos– y en 2010, cuando cedió la tercera frente a China, además de fortalecer el segundo lugar mundial por ingresos. Las razones de esta mejora tienen que ver con una combinación de factores. Por una parte, con la prolongación del clima de conflicto e inestabilidad políticas que se vive en los países del norte de África, una circunstancia que ha beneficiado considerablemente a España; y por otra, con el notable esfuerzo de una industria que sigue siendo uno de los escasos motores que tiran de la economía española en este momento.

Precisamente por ello, y por lo decisivo y estratégico que resulta ese impulso dentro del conjunto de la actividad, se hace más necesario que nunca sentar las bases de la profunda reconversión que el sector tiene pendiente desde hace años. La pérdida de atractivo que han experimentado los países árabes como destinos turísticos de masas en los últimos ejercicios constituye una ventaja de naturaleza coyuntural y, por lo tanto, hay que tener muy presente la posibilidad de que en un futuro más o menos próximo asistamos a un cambio de tendencia que reorganice el tablero de juego. Para hacer frente a ese riesgo es fundamental abordar una mejora de las instalaciones y servicios que refuerce el turismo de gama alta y un ajuste de la ecuación calidad-precio que fidelice al resto de segmentos. El reto es mantener el motor turístico y hacerlo al máximo rendimiento.

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