Tribuna

Año de luces y sombras para los autónomos

Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa”. Esta célebre frase del carismático e influyente político británico Winston Churchill cuenta con más de cien años. Pero aún hoy está de actualidad y puede aplicarse perfectamente a la realidad que viven los autónomos en España. Los autónomos somos optimistas por naturaleza. No nos queda otra. No entendemos de ideologías políticas ni de credos. Nuestra principal religión es el trabajo diario. Y esa es la base de nuestra economía y sobre la que se sustenta toda nuestra filosofía.

Termina un año convulso para los intereses de los autónomos y los emprendedores. 2013 ha sido un año de luces; pero también ha tenido sombras.

Este 2013 ha sido el año de la tan esperada Ley de Apoyo al Emprendedor y su Internacionalización, una norma que, en su conjunto, resulta positiva y beneficiosa para los profesionales por cuenta propia pero que sigue careciendo del principal problema al que se enfrentan los autónomos en la actualidad: la falta de financiación.

A lo largo del presente año el Gobierno central ha puesto en marcha importantes medidas para nuestro colectivo, como la Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven, el Plan de Apoyo a la Competitividad del Comercio Minorista y la Ley de Garantía de Unidad de Mercado. También ha sido el año de la consecución del sistema de jubilación anticipada voluntaria para los autónomos, una de las demandas históricas de OPA.

Durante este 2013, el balance entre las altas y las bajas de autónomos ha arrojado, en su conjunto, un saldo positivo (con la excepción hecha de los meses de julio y agosto). De esta manera, las afiliaciones de autónomos van a conseguir cerrar el año en positivo, espoleadas por el aumento del autoempleo, ya sea por una mera cuestión vocacional o bien por necesidad, ya que muchos profesionales encuentran el autoempleo como la única salida al mercado laboral.

Pero no hay que dejarse engañar por los cantos de sirena que sitúan al emprendimiento como la solución milagrosa ante la crisis económica. Lejos de lanzar las campanas al vuelo, y sin dejarnos embaucar por los intereses del Gobierno de turno, sea del color que sea, es nuestro deber, como la organización decana de autónomos que representamos, y puesto que nos debemos a los intereses de los profesionales por cuenta propia, analizar todos los pros y los contras y ver más allá del horizonte.

Lamentablemente, la realidad nos dice que a pesar de los famosos brotes verdes, la recuperación económica que auguran los expertos y que está siendo tema de conversación en los mentideros más concurridos, aún no ha hecho acto de presencia. Y no. No hablo de las entidades bancarias ni de los mercados financieros, que son los primeros en percibir el cambio de tendencia de la economía. Hablo del ciudadano de a pie. Hablo del comerciante tradicional. Del propietario de un pequeño negocio y de una de esas familias españolas que tienen que realizar juegos malabares para poder llegar a fin de mes mientras intentan capear el temporal, con mayor o menor éxito.

El año que está a punto de concluir también va a ser recordado por el desplome del consumo; por la continuada caída de las ventas del comercio al por menor y por las elevadas cifras de desempleo que mes a mes se registran en España y cuya hemorragia aún no ha sido cortada.

Se va 2013. Y los autónomos hemos visto pasar un nuevo año en el que la falta de crédito, la morosidad pública y la economía sumergida continúan siendo nuestros principales caballos de batalla.

Por este motivo, desde OPA confiamos en que en 2014 puedan solucionarse gran parte de los males endémicos que afectan a nuestro colectivo. Por ello es necesario que se facilite de una manera real y sin restricciones el acceso al crédito para que los autónomos y emprendedores sigamos siendo esa pieza principal del engranaje que mueve la economía española y podamos contribuir a la creación de puestos de trabajo estables y de calidad. Por descontado, huelga decir que no prometemos trabajo. Eso se sobreentiende. Porque el trabajo es nuestra principal seña de identidad. Esa seña que se encuentra inmersa en nuestros propios genes y por la que podemos decir con orgullo: yo soy autónomo.

 

Camilo Abiétar Rubio. Presidente de la Federación de Organizaciones de Profesionales, Autónomos y Emprendedores (OPA)

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