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Los mercados tragan con la mezcla

He aquí una paradoja. Durante la mayor parte del año pasado, inversores de todo el mundo han temido a pocas cosas más que a una desaceleración en el ritmo de los estímulos de la Reserva Federal. Parecía que la reducción progresiva de dinero entrando en los mercados haría bajar los precios de los activos financieros, en especial los de aquellos arriesgados como las acciones. El banco central de Estados Unidos anunció finalmente su reducción el miércoles, y acciones subieron en todo el mundo.

Una de las razones es que los operadores se sintieron aliviados. Otra, es que el ajuste es cómodamente pequeño. La Fed ha recortado sus compras mensuales en solo un 12%, con la promesa de nuevos descensos lentos. Pero quizás la razón más importante para el rally es que los inversores reconocen que beberán de la pócima.

El brebaje económico es ligeramente embriagador si no intoxicante. La reducción es un reconocimiento oficial de que después de años de crecimiento solo tentativo, el PIB está aumentando en todas las economías desarrolladas, con signos de aceleración del crecimiento.

La mayoría de los bancos centrales creen que la política monetaria flexible sigue siendo esencial

Mientras, la mayoría de los bancos centrales, en Estados Unidos y otros países, creen que la política monetaria flexible sigue siendo esencial para concretar los mercados laborales débiles y evitar una recaída en un sistema financiero aún convaleciente. Los operadores no esperan el primer aumento de tipos de la Fed hasta septiembre de 2015.

¿Cuánto durará este mundo favorable a las inversiones? Para los inversores optimistas, durará años. Piensan que cuando la Reserva Federal y sus colegas crean que es finalmente seguro acabar con el estímulo monetario, las bolsas estarán firmemente apoyadas por sólido crecimiento del PIB y una alta rentabilidad continuada.

Lo más probable es que algo se interponga en el camino. Todo ese dinero libre crea distorsiones. Tal vez las tasas de inflación aumenten junto con el crecimiento del PIB, lo que exige un endurecimiento incómodamente rápido de la política monetaria. O los bancos podrían tropezar cuando la política monetaria se vuelva menos agradable. Sin embargo, como cualquier fiestero diría, los buenos tiempos deben disfrutarse mientras duran.

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