España pide contrapartidas
El presidente de Chipre, Nicos Anastasiade, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, en la foto de familia tomada de la cumbre europea celebrada este jueves.
El presidente de Chipre, Nicos Anastasiade, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, en la foto de familia tomada de la cumbre europea celebrada este jueves. EFE

Merkel insiste en blindar las reformas con un contrato vinculante

El incumplimiento de los pactos conllevaría la suspensión de estímulos a la inversión

Angela Merkel ha aprovechado hoy en Bruselas su primera cumbre como canciller recién elegida para volver a la carga con su último instrumento de disciplina macroecoeconómica y presupuestaria. La canciller quiere que cada Gobierno de la zona euro firme con la Unión Europea un contrato legalmente vinculante en el que figuren las reformas económicas que llevará a cabo para mejorar el crecimiento, la competitividad y el merado laboral de su país.

El incumplimiento de esos compromisos, verificado por la Comisión Europea, conllevaría la suspensión de los estímulos a la inversión con cargo a fondos europeos. La propuesta alemana figura en el proyecto de conclusiones de la cumbre elaborado por el presidente de la UE, Herman Van Rompuy, cuya aprobación se espera hoy. El equipo de Van Rompuy intentaba restar mordiente a los polémicos contratos. “No es una nueva medida coercitiva”, suavizaban esas fuentes. “Se trata solo de dar fuerza a los planes nacionales de reformas que elabora cada país en función de sus necesidades, no de las exigencias de Bruselas”.

Los países previsiblemente sometidos a los contratos más duros, sin embargo, se resisten a la iniciativa de Merkel. La delegación española, sin rechazarla frontalmente, se resiste a darle el visto bueno definitivo mientras no se concrete la “recompensa” presupuestaria que animaría a cumplir los contratos.

Las conclusiones de la cumbre se limitan a mencionar, a título de ejemplo, la posibilidad de que Bruselas conceda “préstamos y avales”. Y fuentes diplomáticas admiten que ese capítulo no se concretará al menos hasta junio de 2014.

Otros países, entre los que figuran Francia, tienen objeciones más tajantes. La oposición de esas delegaciones se basa en las dudas sobre la viabilidad política de unos contratos cuya aplicación dependería en gran parte de la aritmética parlamentaria en cada momento. Y se resisten a suscribir un compromiso que dejaría sin apenas margen de maniobra económica a unas capitales que ya han cedido la política monetaria al BCE.

La primera cumbre sin angustia en cinco años

La cumbre europea de ayer y hoy en Bruselas parece poner fin a una saga de cinco años (desde octubre de 2008) de reuniones marcadas por la angustia y el vértigo de la crisis económica. En esta última cita de 2013, los líderes europeos se han permitido retomar asuntos abandonados, como la política europea de defensa. Y la mayor preocupación parecía ser el reparto de altos cargos en 2014.

Los líderes del Partido Popular Europeo anunciaron que el próximo 5 de marzo elegirán su candidato a las elecciones europeas. Y por los pasillos proliferaban los apellidos de potenciales presidentes de la Comisión Europea (Schulz, Tusk, Katainen...). Entre tanta relajación, los únicos que no bajaron la guardia fueron los “seguratas” del Consejo, que pararon al presidente, Mariano Rajoy, para pedir su acreditación.

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