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El catamarán ‘mudo’ sobre el lago de Sanabria

El catamarán ‘mudo’ sobre el lago de Sanabria

Europarques opera un crucero a bordo de un barco eólico y solar único

Es un catamarán atípico. Se mueve tan despacio que apenas se oye, aunque su silencio no se debe tanto a la poca velocidad a la que navega como a que avanza con el único combustible del sol y del viento. Se llama Helios-Sanabria y es el primer barco científico solar y eólico del mundo. Sus creadores, investigadores de la Estación Biológica Internacional, de financiación privada, lo botaron sobre el lago de Sanabria en 2011 tras ganar un concurso de la Junta de Castilla y León, por ser el mejor proyecto de investigación y divulgación científica que trabaja en la protección del medio natural con los ingresos que obtiene de sus proyectos de ocio turístico.

La financiación privada sirve a Europarques para garantizar la independencia de sus programas de investigación. “Se diseñó para integrarse en el paisaje, por eso sus formas curvas y colores oscuros en la parte baja”, comenta David de Salvador, coordinador de la Estación Biológica Internacional y socio de la compañía de ecoturismo Europarques, con la que sus investigadores financian los proyectos científicos.

A caballo entre los dos países vecinos, la compañía creó en 1994 el primer Centro de Turismo Ambiental hispano-luso en el Parque Natural de Arribes del Duero, cuyas aguas surca río arriba por una zona de cortados el otro barco de Europarques, al que cada año suben 60.000 personas, de los 200.000 visitantes anuales que reciben los Arribes del Duero, entre Zamora y Salamanca.
La compañía quiere repetir ese éxito en Sanabria, ampliando el tradicional reclamo del baño en sus aguas al recorrido en catamarán por el mayor lago de origen glaciar de la península Ibérica, con 318,7 hectáreas y 53 metros de profundidad máxima. La baza para este enclave que visitan anualmente unas 700.000 personas es desestacionalizar el turismo y atraer a los visitantes durante todo el año, no solo en verano.

La paradoja del proyecto es que su misión de investigación científica con el gancho del turismo divulgativo se ha complicado al descubrir que las aguas límpidas de este lago que bebe de las montañas se están enturbiando por la creciente presencia de diatomeas, una especie de alga que se alimenta de nutrientes. La Estación Biológica Internacional ha aportado varios informes en los que atribuye el descenso de transparencia de las aguas del lago al vertido generalizado de las aguas residuales directamente al lago, por las deficiencias de los sistemas de depuración y, en otros casos, por el vertido directo de residuos sin ningún tipo de tratamiento. “Se ha iniciado un desequilibrio de nutrientes que hace perder calidad al lago. Si no se hace nada, el proceso puede ser irreversible”, comenta David de Salvador.

La Estación Biológica Internacional llevó a cabo hace algo más de un mes una medición en directo ante los medios de comunicación del nivel de transparencia del agua. A partir de 3,8 metros se perdía visibilidad, frente a los 9 metros de transparencia que defiende la Junta castellanoleonesa, responsable de mantener la calidad de estas aguas.

Un crucero sin ruido ni emisiones ni residuos, por 16 euros

El Helios-Sanabria es una embarcación exigente. Genera cero residuos, cero emisiones y cero efluentes, al estar equipada con acumuladores exentos de la emisión de gases a la atmósfera en la parte de las hélices, que normalmente se necesitan para engrasarlas. En su lugar, los técnicos del proyecto diseñaron un modelo a base de grafito, que lubrica el eje de las hélices del catamarán con el agua del lago.

El barco tampoco hace ruido, ninguno. Resulta extraño subir a bordo de la embarcación, ver el movimiento del agua y no escuchar el motor.
Cuando el catamarán se pone en marcha, la misma pantalla en la que los turistas ven a los investigadores científicos sumergidos explicar en directo las características del lago y sus curiosidades, informa de los amperios solares que aportan energía al barco y cuántos se consumen en tiempo real a medida que la embarcación avanza por este “espejo de soledades”, como Unamuno describió el lago.

Los 20 paneles equipados con células fotovoltaicas, diseñadas de color verde semitransparente para disimularse en el paisaje, se combinan con cuatro miniaerogeneradores eólicos para impulsar el catamarán. Cuando no hace sol ni sopla el viento, la embarcación puede almacenar energía.
El crucero cuesta 16 euros y ofrece ver curiosidades como los restos de un palacete construido para el conde de Benavente entre los siglos XIVy XV.

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