Tribuna

Las ciudades son el motor de la recuperación

Hoy, por primera vez en la historia, la mayoría de la población mundial habita en una ciudad. Las Naciones Unidas estiman que el número de habitantes de las ciudades alcanzará los 6.250 millones, tantos como habitantes tenía el mundo hace diez años.

Esta imparable tendencia comenzó hace más de 5.000 años en las fértiles llanuras de la Mesopotamia. Desde entonces, hasta las Megalópolis actuales como Nueva York o Shangai, las ciudades han sido los motores que dinamizan las economías y las sociedades. Esta tendencia continuará en el futuro. Según el McKinsey Global Institute, las ciudades en crecimiento inyectarán hasta 30 billones de dólares al año en la economía mundial hasta el 2025.

La esencia de la ventaja competitiva de las ciudades radica en su densidad, que hace crecer el número de interacciones y, sobre este humus de relaciones, hace crecer la cultura y surge la innovación. Es lo que los economistas denominan “economías de aglomeración”.

Mi experiencia al llegar al gobierno de la ciudad de Logroño fue la de tener que cambiar el viejo sistema de gastar lo que no se tenía por una nueva gestión caracterizada por la austeridad, la transparencia y la eficiencia en los recursos y en el gasto público, buscando la colaboración entre administraciones y con el sector empresarial. Como decía Einstein “si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Dos años después, a pesar del contexto económico desfavorable y gracias al trabajo de muchos y el esfuerzo de todos, los resultados no se han acompañado. Como consecuencia de estas medidas hemos conseguido convertir el déficit en un superávit, lo que nos ha permitido aumentar el gasto en políticas sociales cuando la gente más lo necesita.

Sin embargo, la reducción del déficit por sí sola no es un plan económico. La responsabilidad de los gobernantes municipales es que nuestras ciudades sean nuevamente el verdadero motor del crecimiento económico.

Por eso, en Logroño hemos apostado por una estrategia de crecimiento e innovación basada en el concepto de la Ciudad Inteligente o Smart City. El concepto de ciudad inteligente se ha introducido como integrador de los factores de producción urbanos modernos y la vida de los ciudadanos en el marco de las Tecnologías de la Información y la Comunicación y la competitividad mundial de las ciudades.

En este modelo de Ciudad Inteligente, la inteligencia no es monopolio administrativo sino que cuenta con la inteligencia colaborativa de los ciudadanos para alcanzar objetivos globales en ámbitos como el trasporte, la energía, la gestión administrativa, etc. Se trata de abordar la gestión de la ciudad como un todo, sin divisiones artificiales entre lo público y lo privado, trascendidas ya por el concepto de comunidad urbana. Este modelo de Smart City nos posibilita pasar de un marco de austeridad a uno más amplio de eficiencia. Eficiencia que supone no sólo hacer sostenible económicamente la administración sino, sobre todo, convertirla en catalizador de la competitividad de la economía local. ¿Cómo?

Por un lado, sustituyendo el viejo modelo del gasto público por un nuevo modelo de política económica colaborativa entre el sector público y el privado. Por otro, haciendo de la necesidad de la sostenibilidad de los servicios públicos, la virtud de crear modelos de negocio basados en la tecnología, aprovechando los avances realizados en la administración electrónica para englobarlos en una gobernanza colaborativa de la ciudad. Estos avances suponen también una inmejorable plataforma para la innovación. En este sentido, la tendencia es transformar los gobiernos locales en plataformas tecnológicas de innovación que proporcionan la conectividad y posibilitan los proyectos de Big Data. Un proyecto de Ciudad Inteligente es mucho más que modernizar un ayuntamiento. Algunos expertos hablan de que supondrá una revolución comparable a la de electrificación de las ciudades en el siglo pasado. En cualquier caso, es una gran oportunidad para que ciudades como Logroño se conviertan en motor de crecimiento de la economía con austeridad, transparencia y eficiencia en los recursos y en el gasto público, pero también con innovación. Porque, en la Sociedad-Red en que vivimos, como explica Castells, la importancia de las ciudades ya no se mide por su peso demográfico sino por su nivel de relaciones y su ecosistema de innovación.

 

Cuca Gamarra. Alcaldesa de Logroño

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