Editorial

Rehabilitación, la transición pendiente

La explosión de la burbuja inmobiliaria, su impacto sobre el mercado de la vivienda y los consiguientes efectos sobre la actividad de edificación de las constructoras forman en conjunto una de las marcas de la casa de esta crisis. Pero también ha servido para sacar a la superficie las ineficiencias del propio mercado y, sobre todo, los problemas del parque de viviendas existente en España que, a pesar de un boom inmobiliario que acercó al millón el número de pisos construidos en un año, adolece de elevada antigüedad y extraordinarias carencias en materia de ahorro energético, accesibilidad y, en fin, de habitabilidad y sostenibilidad. Y esto por las carencias en materia de rehabilitación, una actividad en que España figura a la cola entre los países de nuestro entorno.

La rehabilitación, sin embargo, aparece como fuente de beneficios en la que no es el menor la carga de trabajo para empresas cuya facturación en obra nueva se ha hundido. Si a esto se une la eficiencia y el ahorro energéticos, las mejoras de carácter social, la oportunidad de convertir en ecoeficiente el parque de viviendas –e inmuebles del sector terciario– y la posibilidad de aplicar un urbanismo inteligente en nuestras ciudades solo surge la duda de por qué no se ha acometido antes. Una duda que crece más porque la rehabilitación aporta una destacada capacidad de crear empleo.

El Gobierno lo ha entendido, y la prueba palpable está en la Ley de Rehabilitación, Regeneración y Renovación Urbanas, en vigor desde junio. Pero la norma, que ofrece nuevas y útiles herramientas al sector público y al privado, no bastará por sí sola para superar las barreras a que se enfrenta el sector, entre las que, además de la concienciación ciudadana y de los propietarios, destaca la financiera.

El Grupo de Trabajo sobre Rehabilitación, formado por expertos en la materia, presenta hoy su tercer informe. Pero en esta ocasión tiene de positivo que entra en materia, marca estrategias concretas y da claves para “transformar el sector de la edificación en España” de la mano de la rehabilitación. A la vez, la Administración ya ha mantenido reuniones con las compañías constructoras y con las energéticas para conocer sus propuestas, pero le falta por conocer las posiciones de la banca.

La rehabilitación, aliada a un urbanismo inteligente, ofrece una gran oportunidad de desarrollo sostenible, tanto económico como social. Para ello urge que todos los sectores implicados remen en la misma dirección. A la vez, la Administración debe dibujar un marco que facilite la llegada de fondos a la rehabilitación, con productos financieros adecuados. Un marco en el que más que las subvenciones primen las ayudas fiscales, y en el que esté presente una importante labor de información, porque nada se conseguirá sin convicción. En el horizonte están las ciudades inteligentes, y sobre todo más habitables.

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