Editorial

Economía, población y futuro

La emigración en España, tanto de españoles como de extranjeros, se ha convertido en un fenómeno al alza. Según datos del INE, durante el primer semestre de este año la cifra de salidas creció un 10%, hasta sumar casi 260.000 personas. Casi tres cuartas partes se corresponden con extranjeros que vuelven a su país de origen o se trasladan a otro Estado; el resto son españoles que cruzan las fronteras en busca de una oportunidad laboral. Este último fenómeno –la emigración nacional– no sería preocupante si no fuese por las circunstancias en que se produce.

En una Europa en la que rige el mercado único y la libre prestación de servicios, buscar un puesto de trabajo en otro país debería constituir una opción más en el desarrollo profesional de los españoles. Sin embargo, la evolución de las cifras apunta a que la mayor parte de esos desplazamientos son forzados, no elegidos, y a que tienen que ver con el desequilibrio de una economía con casi seis millones de parados. Otro dato inquietante, demográfica y económicamente hablando, es la pérdida de población que esos movimientos migratorios están provocando. Porque un país que pierde población –sea por flujo migratorio, por escasez de natalidad o por ambas circunstancias– no puede afrontar con suficiente vigor los retos sociológicos del futuro.

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