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Es el momento de trabajar en África

Es el momento de trabajar en África

Un inversor afirma que el 'know how' de las empresas españolas puede jugar un papel relevante en varios sectores

“En África hace falta de todo, tanto a nivel de los consumidores como de los Estados", afirma un profesor de IESE

En 2012, la inversión extranjera directa registró una caída del 18% a nivel mundial, mientras que en África la llegada de estos capitales aumentó un 5%, según datos de Naciones Unidas (ONU). Los flujos hacia este continente fueron récord en 2012 y se espera que en 2013 alcancen los 200.000 millones de dólares. El director del Centro para el Desarrollo Empresarial de la Universidad Pan-Atlántica de Nigeria, Peter Bamkole, explica el fenómeno con una frase cada vez más escuchada: “África es la última frontera de la inversión”. Este ingeniero mecánico y otros expertos e inversores reunidos en Barcelona el pasado jueves para participar en la conferencia Cómo emprender en África, organizada por la escuela de negocios IESE, coinciden en que el continente, que en los últimos cinco años ha crecido a una tasa promedio del 5%, ofrece grandes ventajas para invertir, pero también presenta serios retos.

Mediterrànea Capital Partners (MCP) es un grupo de inversión de fuerte presencia en el norte del continente, donde gestiona activos por un valor que supera los 300 millones de dólares. El consejero delegado de la firma, Albert Alsina, está convencido de que esta región es la que ofrece las mayores oportunidades de mercado para las empresas españolas. Más allá de la cercanía geográfica y las altas tasas de crecimiento, Alsina encuentra cuatro razones por las que vale la pena ir. Una de ellas es la demografía. “Tiene una población total de mil millones de personas y una clase media de 300 millones que vive un crecimiento exponencial”.

El gran crecimiento de la clase media es uno de sus principales atractivos

Un segundo elemento atractivo de los países africanos que menciona Alsina es su mercado de trabajo. “Por un lado, cualquier producto que requiera mano de obra intensiva puede producirse de una manera muy competitiva y, por el otro, no es difícil encontrar buenos profesionales para los cargos de alta dirección”. Las posibilidades de regionalizar las empresas dentro del mismo continente una vez que se instalan en algún país son un tercer motivo. “Túnez, por ejemplo, es un mercado pequeño, de 10 millones de habitantes, pero es una buena plataforma para crecer en Libia, Argelia y Marruecos”.

La cuarta razón, una que el inversor destaca por encima de todas, es que el continente ofrece oportunidades en áreas concretas en las que el know how de las empresas españolas puede jugar un papel muy relevante. “El de la construcción, la salud, las energías renovables o la automoción son sectores en los que España ha sido pionera y puede aportar mucho”.

El profesor de IESE Lluís Renart coincide en que las infraestructuras son un gran nicho. “En África hace falta de todo, tanto a nivel de los consumidores como de los Estados y, en este último caso, cada vez son más las empresas españolas que logran contratos importantes”.

"Es fundamental contar con el asesoramiento de los mejores bufetes", afirma un profesor de IESE

Con excepción de las infraestructuras y la minería, matiza Renart, el escaso desarrollo industrial hace que la venta de equipos industriales no sea una actividad en gran ebullición. Sobre todo si se la compara con las posibilidades que ofrece el sector del gran consumo. “Hay un conjunto de empresas españolas que están descubriendo mercados muy interesantes, como Gallina Blanca, Leche Pascual o Don Simón”.

Renart subraya que las realidades varían mucho de un país a otro y que todavía hay serios problemas, pero explica que los ingredientes del boom económico son comunes a casi todo el continente: “Hay una clara orientación a la economía de mercado liberal, poco a poco la democracia avanza y a los gobernantes se les exige una mayor rendición de cuentas y, con excepciones como Zimbabwe, los países controlan bastante bien las grandes variables macroeconómicas, como la inflación”. La tecnología también ha jugado un papel clave para el desarrollo. “En Kenia hace 10 años había 300.000 teléfonos fijos y hoy hay 24 millones de móviles”, apunta Renart. Para Bamkole, las firmas que innovan de la mano de las nuevas tecnologías tienen un gran potencial y da otro ejemplo de ese país del Este africano. “Una empresa desarrolló un sistema para hacer pequeños envíos de dinero vía teléfono móvil y hoy mueve más dinero que los bancos tradicionales”. La directora del Banco Central de Kenia, Mary Waceke, añade que otros sectores con un gran futuro en su país son el inmobiliario, por el gran crecimiento urbano, y la industria del cine.

Bamkole recuerda que seis de los 10 países de mayor crecimiento de los últimos tres años están en África, según el Banco Mundial, y subraya el potencial de Nigeria en particular: “Con 170 millones de habitantes, su población equivale a la de España, Italia, Kenia, Túnez y Bélgica juntas y su PIB representa el 50% de la economía de África Occidental”.

El reto de encontrar el socio adecuado

Muchas veces, el socio local es el que determina que la operación resulte bien o se complique”, asegura el consejero delegado de Mediterrànea Capital Partners, Albert Alsina. “Hay que pasar mucho tiempo con la persona, entenderla y conocerla en profundidad”, añade. Alsina afirma que ese es el principal reto para un inversor decidido a apostar por África, pero no el único. Otro importante es la relación con el Gobierno del país. “Hay que entenderlo para facilitar la inversión pero no perder de vista que es como el fuego, si te alejas demasiado te congelas y si te acercas en exceso te puedes quemar”. Este desafío tiene que ver con la corrupción. “Aunque en Europa no nos libramos de este problema, a África es muy importante enviar personas con unos principios éticos muy fuertes”
Otro reto es cubrir los cargos intermedios de gerencia. “Es muy difícil encontrar un jefe de operaciones, por ejemplo”.
El profesor de IESE Lluís Renart añade que otro inconveniente es la falta de infraestructuras. “Llevar productos de un país a otro no es un tema sencillo como en Europa”.
Un problema que todos los expertos subrayan es la falta de un marco legal claro. “Es fundamental contar con el asesoramiento de los mejores bufetes de abogados”, aconseja Renart.

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