Víctor Grifols
Víctor Grifols, presidente y consejero delegado de Grifols
Víctor Grifols, presidente y consejero delegado de Grifols

Sangre, sudor y éxito

Grifols vuelve a dar un golpe de efecto con la la adquisición a Novartis de su negocio de diagnóstico transfusional, con lo que consolida su presencia en EE UU

La internacionalización ha sido una de las vías más recurridas para sortear los efectos que la crisis sigue provocando sobre las empresas españolas. Pero algunas de ellas han llevado esa estrategia al extremo, y con éxito. Uno de los mejores ejemplos es el de Grifols, el tercer productor mundial de medicamentos derivados del plasma sanguíneo: con sede social en Barcelona desde su nacimiento, su accionariado está repleto de inversores norteamericanos, y el negocio español apenas representa un 7,6% del total. A cambio, es una de las compañías que más están moviendo el mercado en el último año, con capacidad para realizar inversiones millonarias en cuanto se presenta la oportunidad. Una ambición transmitida, o en este caso transfundida, por Victor Grifols Roura (Barcelona, 1950), presidente y consejero delegado, quien da continuidad desde el despacho a una saga familiar de médicos y químicos.

El último paso de Grifols en su escalada internacional ha sido la adquisición del negocio de diagnóstico transfusional de Novartis, la tercera farmacéutica del mundo por ingresos en 2012, con una facturación superior a 40.000 millones de euros en 2012 y un beneficio de más de 7.000 millones. Lejos de los 2.620 millones de ingresos y 256 de beneficio de Grifols, que no le han impedido pagar a la farmacéutica suiza 1.224 millones de euros por esta adquisición, que consolida su posición en EE UU, después de haber inaugurado este mismo año una nueva planta de inmunoglobulina en Los Ángeles.

Pero no es algo que deba sorprender. La discreción domina el desempeño profesional de Víctor Grifols, que mide mucho sus apariciones ante los medios de comunicación. Pero, aunque escasas, éstas suelen ser contundentes. A finales del año pasado ya avisó de la posibilidad de marchar “lentamente desde España a EE UU”, y su intención de no invertir más en el negocio doméstico “mientras las cosas no cambien”. Fue tras recibir la Insignia de Oro del Instituto Español de Analistas Financieros, cita en la que mostró su preocupación por la situación de España, a la que definió como “máquina rota”: “Hace 35 años se nos dio un motor para desarrollarnos, pero no se ha cambiado el aceite, ni las bujías, ni nada”, y añadió: “Si Grifols hubiera crecido en Alemania seríamos mayores que Pfizer”. Esas malas perspectivas fueron lo que le llevó a apostar decididamente por el negocio norteamericano, donde dio un paso de gigante un año antes.

Ya en 2011, Grifols había adquirido a su rival estadounidense en fabricación de plasma, Talecris, en una operación valorada en casi 3.000 millones de euros y que tuvo que esperar al visto bueno de las autoridades de competencia estadounidenses. A finales de ese mismo año, Víctor Grifols recibía el premio al Líder Empresarial, entregada por la Cámara de comercio España-EE UU.

Una serie de decisiones clave para la empresa que no han sido llevadas a cabo como consecuencia de la improvisación o los impulsos. La continua inversión ha sido una constante desde la fundación de Grifols, en 1940. Entonces, su abuelo, José Antonio Grifols, junto a su padre y actual presidente de honor de la compañía, Víctor Grifols, químico de profesión, y su tío, José Antonio, pusieron marcha los Laboratorios Grifols, donde desarrollaron el primer plasma liofilizado y abrieron el primer banco de sangre privado en España, el Hemobanco, en 1945.

Pese a haber enfocado su formación y profesión al ámbito puramente empresarial, a diferencia de la vía médica de sus familiares, Víctor Grifols Roura ha estado siempre ligado al negocio, lo que le convierte en un gran conocedor de la industria de los hemoderivados. Estudió Ciencias Empresariales en la Universidad de Barcelona, y su entrada en la compañía familiar se produce con apenas 23 años y como director de exportaciones, lo que explica su conocimiento del sector a nivel internacional. En 1979 pasa a ser director comercial, y reorganiza el negocio en España para impulsar las ventas en el negocio local.
Pioneros e innovadores, los Grifols siempre han realizado sus expansiones garantizando la sostenibilidad del grupo. La apertura de mercados siempre ha sido una constante, aunque la internacionalización se consolidó de forma definitiva en el ADN de la empresa a partir de que Víctor Grifols Roura pasara a encargarse del día a día de la empresa.

En 1985, con apenas 35 años, sería nombrado consejero delegado sucediendo a su padre. Desde que tomó posesión del cargo de mayor responsabilidad ejecutiva tuvo claro que la expansión a otros mercados era la clave para el crecimiento de la empresa, y que además, era factible. Por ello la transformó, enfocándose en un primer momento a los mercados más accesibles:la vecina Portugal, donde abrió la primera filial internacional en 1988, y Latinoamérica. Allí comenzaría por Argentina y Chile, y continuó con centroamérica y Caribe, operaciones que se coordinarían desde Miami a partir de 1990, iniciando así su presencia en la que ahora es su principal fuente de negocio, aunque la primera oficina comercial dedicada a EEUU no se instalaría hasta el año 2000. Además de su capacidad para oportunidades de inversión, destacan de él su anticipación a los rivales para llevarlas a cabo.

Tal es la dimensión que ha adquirido Grifols tras más de 70 años de historia que los llamados papeles deWikileaks, revelados a finales de 2010, señalaban sus instalaciones de Barcelona dedicadas a la investigación, desarrollo y producción de proteínas terapéuticas derivadas del plasma humano, como estratégicas para la Secretaría de Estado de EEUU, por su capacidad para producir inmunoglobulina de uso intravenoso. De laboratorio clínico a punto estratégico, Grifols sigue con su expansión.

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