Editorial

El futuro pasa por la I+D

La caída por tercer año consecutivo del gasto en I+D –que se sitúa ya en niveles de 2007, según datos proporcionados por el INE– parece apuntar a que la investigación y el desarrollo ha dejado de ser una prioridad en la agenda económica española. Los hechos son siempre más explícitos que las palabras –más aún en el ámbito político– y los hechos dibujan una I+D en declive y a una España cada vez más lejos de los objetivos propugnados por la Agenda de Lisboa en 2000. Estos eran convertir la UE en un referencia mundial en I+D y hacer que el sector privado aportase dos terceras partes de los fondos invertidos en este capítulo. La crisis y los recortes de gasto impuestos en toda Europa han desbaratado esos planes, pero no del mismo modo en todos los países. Hasta el punto de que, también en este capítulo, se puede hablar ya de una nueva brecha entre el Norte –con inversiones en investigación que superan el 3%– y el Sur, donde apenas rebasan el 1%. No hay duda de que el primer objetivo de la agenda política española en este momento es ajustar el déficit público y mantener bajo control el coste de financiación de la economía. Pero la inversión en I+D no da réditos inmediatos, sino que es una apuesta de futuro. Y prepararse para el futuro es una de las tareas clave que España debe afrontar en esta coyuntura.

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