Editorial

La batalla contra el paro juvenil

La insostenible tasa de paro juvenil española –cifrada en más de un 56%– ha convertido el desempleo en esa franja de edad en un problema económico y social de primer orden. Un país en el que más de la mitad de los jóvenes en edad de trabajar no tiene un empleo, afronta un serio riesgo para la viabilidad de su modelo económico y para el normal funcionamiento de su convivencia civil. Ello ha convertido la segunda Conferencia sobre el Fomento del Empleo Juvenil, que se celebró ayer en París y a la que asistió Mariano Rajoy, en un evento de especial importancia estratégica para España. El objetivo de la cumbre era impulsar la puesta en práctica de la denominada garantía juvenil, un mecanismo europeo con el que se pretende garantizar un empleo, unas prácticas o una formación a los menores de 25 años sin trabajo y que están fuera del marco formativo. El programa cuenta con un presupuesto de 6.000 millones de euros –ampliable a 8.000 millones– a repartir en los dos próximos años.

La cumbre ha finalizado con una petición a los países beneficiarios para que presenten cuanto antes un plan nacional en el que detallen cómo van a gastar los fondos que les correspondan. Los líderes europeos pretenden así lograr que el dinero comience a llegar antes del 1 de enero de 2014. Mariano Rajoy, que acudió al encuentro con el objetivo de lograr que se adelantase la percepción de los fondos, anunció ayer que España presentará su plan en diciembre. De momento, República Checa, Croacia, Lituania, Luxemburgo, Polonia y Eslovaquia han remitido ya su estrategia de lucha contra el paro juvenil.

En cualquier caso, Madrid debe ser la principal beneficiaria de esa partida presupuestaria. El generoso montante que nos corresponde –alrededor de 1.800 millones de euros– se debe, eso sí, al doloroso hecho de que nuestro país duplica sobradamente la tasa de desempleo juvenil europea –situada en poco más del 23%– y palidece al lado, por ejemplo, de la alemana: un envidiable 7,7%.

Más allá de esa circunstancia, las partidas presupuestarias destinadas a luchar contra el desempleo son solo una parte, y no la más importante, de la estrategia integral que Europa debe implementar si quiere reconducir su inaceptable tasa de desempleo juvenil. Seis millones de jóvenes europeos –aparentemente los mejor preparados de la historia– no disponen de una oportunidad laboral ni, por tanto, de una posibilidad de planificar su futuro. Pero la creación de empleo, tanto para los jóvenes como para el resto de la población, es una consecuencia directa del crecimiento económico. Las ayudas son bienvenidas, pero es en la actividad económica donde está la mejor herramienta para acabar con el paro.

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