Editorial

Un serio catarro tras los Pirineos

La respuesta de las autoridades francesas a la rebaja del rating por parte de Standard & Poor’s ha sido todo un homenaje a la grandeur de la República. “Mantendré la estrategia, que es la nuestra; y el rumbo, que es el mío”, sentenció François Hollande al conocer el recorte a la calificación de la agencia estadounidense sobre la solvencia gala. El presidente francés, claro está, juega con el descrédito que se han ganado a pulso las agencias de rating, una carta de doble filo pero muy utilizable políticamente. Igualmente, Hollande sabe que el peso de los diagnósticos del FMI, que ya en verano advirtió a Francia para que diera un giro radical a su política económica para reequilibrar las cuentes públicas por el lado del gasto, no es el mismo que en otros tiempos. Sin embargo, la radiografía de la segunda economía de la zona euro no es nada tranquilizadora, especialmente por el parálisis de su actividad, que lleva el desempleo a las cotas más altas desde el comienzo de la crisis. Un déficit creciente y una deuda disparada no son las mejores cartas de presentación ante Bruselas, que una vez más se pone a prueba ante los incumplimientos de Francia. Lo peor es que la mayor sombra de las dificultades del país vecino se proyecta sobre España, de la que es primer cliente y gran emisor de turistas. Su serio catarro puede ser más que un contagioso percance en la incipiente recuperación de nuestra economía.

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