Los retos de la economía gala
El presidente de Francia, François Hollande, espera la llegada de los líderes de 24 de los 28 países de la Unión Europea, en el Palacio del Elíseo de París (Francia), ayer.
El presidente de Francia, François Hollande, espera la llegada de los líderes de 24 de los 28 países de la Unión Europea, en el Palacio del Elíseo de París (Francia), ayer.

La encrucijada francesa

"Mantendré la estrategia, que es la nuestra; y el rumbo, que es el mío”. Con esta contundente frase respondió la pasada semana el presidente francés, François Hollande, al mazazo que supuso para Francia la rebaja de la calificación de la deuda gala hecha por Standard&Poor’s (S&P), que rebajó su solvencia un escalón (de AA+ a AA).

La decisión se interpretó rápidamente como un aviso a navegantes. Pero no ha sido el único. El pasado agosto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya recomendó a Francia que dejara de subir impuestos y diera un giro a sus políticas económicas para reequilibrar sus cuentas públicas por el lado del recorte de los gastos, sobre todo en materia de Seguridad Social. Para este organismo, al igual que para S&P las últimas reformas económicas llevadas a cabo por el equipo de Holland van en la buena dirección pero son “insuficientes”. En opinión de ambos, Francia aún tiene margen para reducir su gasto público.

Los problemas que atraviesa la economía gala son varios, pero uno de los más acuciantes es cierta parálisis de su actividad. S&P cree que el PIB francés volverá a estancarse en 2013 como ya lo hizo el pasado año y apenas crecerá un 0,7% en 2014. La tasa de paro está en la cota más alta desde el inicio de la crisis, por encima del 11% (superando los 2,3 millones de desempleados) y las perspectivas de varios organismos prevén que siga por encima del 10% hasta pasado 2016.

Además, uno de cada cuatro menores de 25 años franceses está en paro, pese a los esfuerzos presupuestarios en educación, que es la primera partida de gasto público. A ese capitulo de gasto le sigue a poca distancia la deuda, que según las previsiones oficiales se situará en el 95,1% del PIB a finales de 2014, cuando rozará los dos billones de euros y supondrá un pago de intereses por valor de 47.000 millones.

Con este escenario, desde Bruselas desconfían de las políticas de consolidación fiscal de la segunda economía de la Unión Europea. Según prevé la Comisión, Francia terminará 2015 con un déficit del 3,7%, tras recortarlo al 3,8% en 2014. Sin embargo, el ministro francés de Finanzas, Pierre Moscovici, aseguró el lunes que Bruselas se equivoca “porque no está teniendo en cuenta los esfuerzos que propone hacer el país”. Y garantizó que el déficit francés quedará por debajo del umbral del 3% en 2015.

Entre esos esfuerzos están principalmente varias subidas impositivas –por valor de unos 3.000 millones más de ingresos en 2014–, que están costando al Ejecutivo numerosas protestas en las calles de todo el país. Recientemente, el Gobierno tuvo que retirar el impuesto al transporte por carretera por las revueltas que provocó entre los camioneros.

Sin embargo, Hollande no está dispuesto a sacrificar el Estado del Bienestar de los franceses más allá de los ajustes incluidos en los Presupuestos de 2014 –que Bruselas examinará esta semana– y que suman recortes de gasto por valor de 15.000 millones de euros. En estas cuentas se contará en total con 18.000 millones más de ingresos, ya que a este ajuste suman 2.000 millones por la lucha contra el fraude y otros 1.000 adicionales, fundamentalmente por la anunciada subida del IVA.

Las reformas ya hechas

El Gobierno francés considera que ya ha hecho las reformas estructurales que debía. La reforma de pensiones, que no aumenta la edad de jubilación –se mantiene en los 62– pero sí exige más años para cobrar el 100% de la pensión (de 41,5 años a 43 años de forma progresiva entre 2020 y 2035);y también sube las cotizaciones patronales y de los trabajadores. Así como la reforma laboral, aprobada en primavera, y que prevé que las empresas puedan bajar salarios a cambio de recortar jornadas y comprometerse a no despedir a sus trabajadores. Y hasta aquí los cambios estructurales.

Hollande no quiere o no cree que la economía francesa necesite más reformas de calado. Es más, lo hecho hasta ahora en materia impositiva y social ya le ha costado bastante en las encuestas. Sólo le respalda el 25% de los franceses, el porcentaje más bajo para un jefe del Estado en los últimos 55 años, según el CIS galo. Si bien, estas intenciones de Hollande podrían empezar a ser historia. Su propio ministro del Presupuesto, Bernard Cazeneuve ha sugerido que quizás deberán prolongar los recortes de 2014 hasta 2017.

En este punto, el director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE), Joaquín Trigo, cree que S&P ha acertado con su rebaja “porque Francia no ha cumplido con las reformas que les pidieron en Bruselas”. Pero duda de que Hollande vaya a llevarlas a cabo y cumplir con ello el objetivo el déficit en 2015 “si está pendiente de las próximas elecciones”.

 

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