Editorial

El modelo de Fagor, en el aire

El tropezón de Fagor, que acuciada por la deuda y con el oxígeno del grupo cortado se ha visto obligada a solicitar preconcurso de acreedores, no es más que una salida lógica al fuerte ajuste que ha venido acometiendo desde el inicio de la crisis, y que ha sufrido paralelo al hundimiento de la construcción residencial, principal destino de sus electrodomésticos. Pero la crisis de la bandera industrial de Corporación Mondragón también va de la mano de una expansión exterior cuyo diseño hoy se comprueba defectuoso, tanto en la cercanía de la vecina Francia –experta pese a la UE en salvaguardar su mercado de acosos exteriores–, como en las grandes expectativas puestas en la lejana China. El plan de expansión de Fagor alcanzó su cénit justo antes de iniciarse la crisis, una falta de previsión que sus directivos de entonces han de anotar en su haber... y que no es un caso aislado en la reciente historia empresarial. La situación actual va a llevar con seguridad a recortes de plantilla, cierre de fábricas y quitas a los acreedores. Es deseable que sea con el menor impacto social y salvando la continuidad de la empresa. Por lo pronto, este caso demuestra que nadie estaba vacunado contra la crisis –por mucho que ciertos políticos se empeñasen en ello–, y plantea la incógnita sobre si tiene hoy futuro ese modelo concreto de cooperativismo.

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