Editorial

El automóvil da señales a la economía

El sector del automóvil ha pasado una travesía del desierto paralela a la gran crisis económica global, que enfrenta su séptimo año consecutivo. Si la economía está empezando a dar señales, aunque todavía muy incipientes, que parecen anunciar que lo peor ya ha pasado, lo lógico es que el sector de la automoción presente síntomas parecidos. Frente a un 2013, que se apresta a cerrar como el peor ejercicio para el sector desde hace 20 años, han empezado a aparecer informes que calculan incrementos del mercado europeo en 2014. Es el caso del estudio de Moody’s, que estima para el próximo año un crecimiento en Europa del 3%, que pese a ser reducido supondría en primer avance para el sector desde aquel ya lejano 2007, el último de crecimiento en el Viejo Continente.

Las matriculaciones de automóviles en Europa, por tanto, pueden estar viviendo el último año de caídas de esta mala racha, una de las peores de su ya centenaria historia. En cuanto al mercado nacional, los expertos calculan que los deprimidos niveles de demanda en España tocarán fondo este 2013, siempre que no haya un nuevo empeoramiento de la economía.

Pese a unas previsiones optimistas que aun deben demostrar su certeza, todo indica que los volúmenes seguirán siendo bajos. Y esto va a marcar de manera determinante la estrategia de producción de los grandes productores europeos. En el primer semestre, Volkswagen, PSA Peugeot-Citroën, Renault y Fiat, las grandes en Europa, redujeron notablemente su cifra de beneficios en comparación con el mismo periodo de 2012, lo que indica los serios problemas de demanda a que hace frente el sector.

Los países emergentes, con China a la cabeza, serán los que tiren de la industria en el medio plazo, mientras que el mercado más maduro pero también más potente, el de EE UU, está alcanzando la velocidad de crucero.

Sin embargo, se está encendiendo una llamativa alarma a la que no se debe dejar de prestar atención. Dos de los grandes mercados emergentes, Brasil y Rusia, están rindiendo menos de lo que se esperaba y presentan serios síntomas de estancamiento, incluso de retroceso. Los riesgos están creciendo en los mercados de las economías emergentes, una incertidumbre que encaja con los mensajes de la cumbre del G20 de la semana pasada. Los mayores tipos de interés, la inflación y el endeudamiento privado creciente empujan contra el consumo de bienes duraderos.

Frente a todas las dudas, el Salón de Fráncfort, la gran cita europea del sector que se abre mañana, desvelará las grandes apuestas del sector para el futuro inmediato. Unos planes en los que las fiables y competitivas factorías instaladas en España deben jugar un papel primordial.

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