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Lección para el nuevo jefe de la Fed

He aquí un consejo para el próximo presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. Estudiar lo que Mark Carney ha hecho en el Banco de Inglaterra y hacer lo contrario.

Carney, el ex gobernador del Banco de Canadá, no puede ser responsable de la mejora en la economía británica entre el sorprendente anuncio de su nombramiento el pasado noviembre y su primera medida política hace dos semanas. Con el desempleo a la baja, el crecimiento del PIB y una inflación que sigue siendo alta, es obvio que su premisa básica de que el Reino Unido necesita más estímulo monetario ya no es cierta.

Esa es la idea que hay detrás de la introducción por parte de Carney de una ‘guía de previsión’ sobre los tipos de interés. Pero parece que, a la vista del incremento de 40 puntos básicos en la rentabilidad de los bonos a 10 años, esta medida no impresionó a los inversores.

El tropiezo de Carney debe ser útil para Larry Summers, Janet Yellen o quien que dirija la Reserva Federal

Por supuesto, Carney podría recuperarse. Sin embargo, su tropiezo inicial debe ser útil a Larry Summers, Janet Yellen, o quien quiera que esté dirigiendo la Fed cuando llegue enero. Una lección importante: en la banca central hoy en día, el pragmatismo es más importante que la imaginación.

La idea que hay detrás de la guía de previsión es imaginativa. Un compromiso del banco central a comportarse de cierta manera en el futuro puede tener más efecto en los mercados financieros que cualquier acción actual. Los argumentos a favor de la orientación del PIB nominal, otra idea Carney, también son intrigantes. Aunque tal vez este tipo de políticas lleguen a ser relevantes algún día.

La tarea más importante para el gobernador del banco central en una Gran Bretaña en recuperación es, sin embargo, responder de forma mesurada y magistral a la evolución económica. La política del banco central es diferente en un país también en recuperación como es Estados Unidos, pero la responsabilidad principal sería la de gestionar los delicados pasos de una política monetaria extraordinaria a una monetaria convencional, sin angustiar indebidamente a políticos o inversores.

En otras palabras, mientras un pensador profundo puede ser útil más adelante, por ahora el jefe de la Fed sería más prudente si se dedicara a ser un buen operador.

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