Editorial

Un récord turístico que sirve de aviso

La batería de datos que va desgranando el sector turístico a lo largo del ejercicio, y sobre todo en la temporada alta, señala inequívocamente que salvo una catástrofe inesperada este será un año récord de visitantes y se superarán los 58,7 millones de 2007. A tal desempeño colaborarán los más de 22 millones de turistas extranjeros que prevé el Gobierno este verano, quienes gastarán aquí más de 23.000 millones de euros, unas cifras que suponen dos máximos históricos muy bienvenidos tras los seis años de dura crisis.

Las estimaciones que manejan los hoteleros hablan de niveles de ocupación que oscilan entre el 80% y el 90% en los cinco grandes destinos (Cataluña, Baleares, Canarias, Comunidad Valenciana y Andalucía), gracias a la mejora de los tres grandes clientes –Reino Unido, Alemania y Francia–, pero también al crecimiento espectacular de los visitantes que llegan desde los países nórdicos y, sobre todo, desde Rusia. Este país se está convirtiendo en un enorme yacimiento emisor de turistas al que conviene mimar. Basta como argumento observar los datos: la entrada de visitantes rusos crece un 30% en lo que va de año, y eso se ha dejado notar en destinos como la Costa Blanca (Alicante), donde ya se han convertido en el segundo mercado emisor, cerca del británico, y ha propiciado niveles de ocupación en julio de casi el 90%, la más alta desde el inicio de la crisis.
Son magníficas noticias que hablan de que España no solo ha mantenido durante la crisis su lugar de privilegio a la cabeza del turismo mundial, tanto en visitantes como en ingresos, sino que lo ha mejorado. Pero sería un grave error echar las campañas al vuelo. Baste ver el caso de Madrid, que empezaba a consolidarse como gran mercado de turismo cultural, pero que se está quedando fuera de ese crecimiento, con una ocupación en lo que va de agosto por debajo de la mitad de las plazas disponibles

La explicación es sencilla: la pujanza llega solo del turismo exterior, porque el nacional sigue anémico. Como en la primera mitad del año, el mercado interior sigue mostrando fuertes signos de debilidad, con ocupaciones muy bajas y serias dificultades para realizar previsiones en la medida en la que dependen de las reservas de última hora y la rebaja de precios que puedan llevar consigo.

Otra de las razones para no bajar la guardia es que gran parte de la buena evolución se debe a factores exógenos. De hecho, los empresarios prevén que los buenos datos de verano se repitan en invierno, en la medida en que el recrudecimiento del conflicto en Egipto ha cerrado el área al turismo, que se desviará en los meses de temporada baja a destinos como Canarias, donde los touroperadores ya han advertido incrementos de peticiones de plazas y vuelos para invierno. Pero eso nada tiene que ver con mejoras en la oferta española, necesarias para seguir en el podio mundial.

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