Tribuna

Mis razones para Madrid 2020

Desde principios de los noventa soy consultor de búsqueda de directivos. Aunque no estoy de acuerdo, porque supone trivializar el contenido de nuestra profesión, se nos conoce comúnmente como “cazatalentos” o headhunters. Durante este periodo, he asistido a acontecimientos económicos, políticos, sociales, deportivos y conflictos de todo tipo, con impacto tanto positivo como negativo, en la evolución de nuestro mundo y nuestro país, pero pocas imágenes me han hecho sentir tanta emoción como aquel momento en el que Antonio Rebollo, arquero paralímpico madrileño, prendió la llama olímpica disparando una flecha encendida sobre el pebetero olímpico, en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, y el posterior desfile de la delegación española con el Príncipe de Asturias como abanderado.

No voy a referirme a los acontecimientos deportivos, o a cómo aquellos Juegos cambiaron la faz de Barcelona y de España para siempre. Lo que me interesa resaltar es la forma en que, gracias al trabajo en equipo, la organización y el liderazgo, aquellos Juegos fueron un éxito colectivo, que lanzó al mundo el mensaje de que en España emergía una clase directiva capaz de asumir los retos más complejos que pudieran imaginarse.

Aquello no fue flor de un día y, desde entonces, la lista de españoles que ocupan posiciones directivas en los más altos niveles de compañías globales de prestigio es interminable. Si a ello le añadimos la creciente lista de empresas españolas que trabajan con alcance global y son ejemplo y referencia de mejores prácticas allí donde están, el resultado es claro: España es una potencia mundial en lo que a talento directivo se refiere, y este se tiene muy en cuenta en compañías globales en las que se valora que un directivo combine adecuadamente, y lo sepa aplicar, en función de las circunstancias, emoción, raciocinio, sensibilidad, equidad, planificación e improvisación, además de tolerancia a la frustración.

Pero todo lo anterior no es, ni más ni menos, una forma de decir que, si la salud me acompaña, quiero volver a sentir la emoción de ver cómo se enciende el pebetero olímpico de Madrid 2020, y, a ser posible, por alguien nacido en Barcelona. Este sería un mensaje de complicidad e involucración, que debería, de la forma más adecuada en cada caso, hacerse extensivo al resto del país, porque con un acontecimiento como este, ganamos todos. Lo demás no me preocupa. Los Juegos serán un éxito porque Madrid es una ciudad acogedora y generosa, sus infraestructuras están al máximo nivel mundial, las instalaciones deportivas presentan unos grados de ejecución muy altos y ello hace que los desembolsos económicos sean asumibles, incluso en una situación como la actual.

Pero para que todo funcione, independientemente del impresionante trabajo que se está haciendo desde la candidatura, confío en que de cara a la organización de los Juegos se cuente con ese talento directivo dotado de una impresionante formación, con visión, experiencia global, y el mapamundi en su ADN, que ha dado España en las tres últimas décadas.

Estos Juegos podrían ser una magnífica oportunidad para empezar a repatriar ese talento y, sobre todo, capitalizarlo para el futuro. España, y Madrid, tienen una posición geoestratégica envidiable y, de una vez por todas deben reivindicar su papel como cruce de caminos y puente entre Europa, Latinoamérica y África. No es una utopía pensar que podemos y debemos ser un centro de decisiones e influencia en uno de los ejes sobre los que se va a sustentar el desarrollo económico de las próximas décadas. Un desarrollo económico que se va a basar en el conocimiento, y este es un activo que no tiene fronteras y se instala allí donde mejor se le valora. Creo sinceramente que en nuestro país se dan unas condiciones inmejorables para enfrentarnos con éxito a este reto.

Deseo fervientemente que, el próximo 7 de septiembre, en esa entrañable ciudad que es Buenos Aires, se pronuncie el nombre de Madrid y ese sea el impulso necesario para recuperar una ilusión colectiva y, sobre todo, una dinámica creadora y emprendedora que transformará a Madrid y a toda España en un referente del trabajo bien hecho. Eso es algo que nos beneficiara a todos y contribuirá a iluminar el futuro.

 

Luis José Murillo es director general de Odgers Berndtson

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