Editorial

La CNMV se pone muy seria

El regulador del mercado de valores ha tomado nota del efecto perverso que tiene una actuación laxa en un mercado en ebullición y en el que la operativa no permite que todo el mundo gane. La vigilancia no plenamente activa del pasado ha aflorado variedad de episodios en los que la parte más débil, el inversor minorista, ha visto atropellados sus derechos. Al igual que en el resto del mundo con la crisis financiera, Europa y España han endurecido las políticas de control de los agentes financieros para proteger a los más débiles, y los organismos encargados de ello no han dejado de acaparar competencias que antes estaban diluidas o no eran ejercidas por nadie. La CNMV ha mostrado una actitud muy beligerante con todos los movimientos del mercado, sobre todo aquellos que se producen en un entorno en el que la especulación es moneda corriente. Ahora se ha conjurado para llegar hasta la más severa sanción en el caso de las operaciones supuestamente en descubierto realizadas en la macroampliación de Bankia, en mayo pasado, así como en vigilar que el tránsito de fondos de los depósitos a los fondos de inversión respeta los criterios ofrecidos en los folletos, y es adecuado al perfil de cada inversor. Esa actitud debe mantenerse también cuando cambien las circunstancias y baje la presión de la opinión pública.

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