Julio Rodríguez Izquierdo

El ejecutivo apasionado

Julio Rodríguez Izquierdo, vicepresidente ejecutivo de operaciones de Schneider Electric.
Julio Rodríguez Izquierdo, vicepresidente ejecutivo de operaciones de Schneider Electric.

De una manera o de otra, la mayoría de la gente tiene un cierto concepto de lo que es un hombre de negocios. Existe un acuerdo aproximado en que es alguien que lleva a cabo operaciones importantes, en las que se mueven grandes cantidades de dinero. Dentro de esta definición, la figura de Julio Rodríguez Izquierdo (San Bartolomé de las Abiertas, Toledo, 1961) encaja perfectamente, ya que es vicepresidente ejecutivo de operaciones de la multinacional eléctrica de origen francés Schneider Electric.

Ahora, este directivo apasionado por su trabajo está concentrado, entre otros cometidos, en las negociaciones para la compra del conglomerado de ingeniería británico Invensys, por el que Schneider ofrece –con el 8 de agosto como fecha límite– la cantidad de 3.300 millones de libras esterlinas (3.831 millones de euros), un precio bastante bueno según los expertos.

Por este motivo, algunos gigantes industriales han empezado una guerra de ofertas desde hace un mes para comprar Invensys. La tecnología de esta compañía británica ayuda a funcionar a centrales eléctricas, refinerías de petróleo y plantas químicas. Además, dicho grupo se ha deshecho de los problemas que le suponían los compromisos con las pensiones de sus trabajadores desde que vendió su división ferroviaria a Siemens el pasado mes de noviembre.

De cara a esta compra, a Rodríguez Izquierdo le avalan operaciones de gran calado, como las adquisiciones de la empresa española de telecomunicaciones Telvent y de la eléctrica brasileña Steck Group, y también planes de inversiones para optimizar los recursos de la propia Schneider, entre muchas otras.

Por muy sorprendente que pueda parecer, este ingeniero técnico industrial empezó a trabajar en Schneider Electric en 1984, así que ya son 29 años de trabajo dedicados a una misma empresa, la cual facturó 24.000 millones de euros en 2012 y tiene 130.000 empleados en todo el mundo. Sus compañeros de trabajo no dudan de que Rodríguez Izquierdo es un hombre hecho a sí mismo, que empezó siendo comercial y ahora ha llegado a ser el número dos de esta multinacional. Tras asumir diferentes responsabilidades, desde abril de 2012 es responsable de Schneider en Emeas (Europa, Oriente Medio, África y Suramérica). Es decir, trabaja a nivel mundial, con la única excepción de China y EE UU, países a los que Schneider da un tratamiento organizativo especial.

Rodríguez Izquierdo, galardonado con el Premio al Directivo del Año 2011 por la AED, se autodefine como un gestor de equipos, que concentra sus fuerzas en crear entornos que permitan crecer a los grupos de directivos que tiene a su cargo. Precisamente, dice que cuando surgen problemas, hay que compartirlos con el equipo y obtener diferentes puntos de vista. Y esto, según este ejecutivo fiel a su empresa, se consigue con equipos multidisciplinares, conformados por personas de diferentes nacionalidades. En su opinión, la excelencia brota gracias a la diversidad y al análisis de diferentes puntos de vista. En esta misma línea, Rodríguez Izquierdo anima tanto a quienes le rodean como a jóvenes directivos de otras empresas a salir a otros países, para que conozcan otras culturas y otras formas de trabajar. Para él, es clave que los directivos españoles trabajen en el extranjero, porque piensa que la Marca España también debe tener presencia en las decisiones de las grandes compañías. Le apasiona la globalización en la que vivimos y la velocidad de transformación diaria que lleva el mundo actual.

Quienes le conocen dicen que es muy directo y que demanda compromiso y lealtad a los que trabajan a su lado. Él mismo suele contar que mientras estudiaba Ingeniería tenía intenciones de dedicarse a la innovación, pero pronto descubrió su verdadera vocación: estar frente a frente con las personas, bien sean clientes o bien los directores cuya gestión asume.

Quiere personas valientes, que tomen decisiones aunque puedan equivocarse. Rodríguez Izquierdo prefiere algún error puntual antes que la inacción por miedo a la equivocación. Sus allegados dicen que hay una frase muy suya que refleja su pasión por llegar lejos: “Nos os conforméis con volar como gallinas cuando podéis volar como águilas”. También cuentan que no soporta ni la hipocresía ni la intolerancia.

Este alto ejecutivo de Schneider Electric está invirtiendo mucho esfuerzo en convertir a Barcelona, ciudad donde vive y trabaja desde hace muchos años, en una smart city. Es decir, en un icono mundial de la compañía y también en un ejemplo de movilidad inteligente “al servicio de las personas”. Esta empresa, cuyos pilares son la eficiencia energética y el desarrollo sostenible, está trabajando en estrecha colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona a través del primer Centro de Excelencia Smartcity en el mundo, ubicado en el distrito 22@ de la Ciudad Condal.

En un plano más reservado, Julio Rodríguez es una persona muy familiar y dedica todo el tiempo que puede a su mujer, Marisé, y a sus dos hijos. El compromiso y el apoyo de toda la familia, incluidos sus padres, han sido fundamentales a lo largo de su dilatada trayectoria profesional. Precisamente, Rodríguez Izquierdo siempre agradece a su esposa que le animara tanto a la hora de irse a Bélgica para dirigir Schneider Electric en ese país.

Cuando su agenda se lo permite, se escapa los fines de semana a Esterri d’Àneu, el pueblecito de montaña en el que nació su mujer. A este hombre de negocios le gustan el esquí, el baloncesto y también el fútbol. De hecho, suele reunirse muchos jueves con sus amigos de toda la vida para jugar un partido. Con quienes también mantiene contacto es con sus compañeros del Programa de Dirección General en el IESE, etapa de la que guarda muy buenos recuerdos tanto a nivel académico y profesional como a nivel personal.

Por otro lado, su gran pasión son las motos, y va en moto siempre que puede, esté en una ciudad o en la montaña. A pesar de que su trabajo le exige pasar mucho tiempo en aeropuertos, siempre dice que no le gustan en absoluto.

 

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