Empresas vintage

Camper, la huella del Mediterráneo

La firma de calzado mallorquina reivindica la cultura de la artesanía del cuero

Fundada por la familia Fluxá, la empresa está presente en 70 países

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Pocas firmas de calzado han logrado imprimir un sello de identidad tan identificable como Camper. Sus modelos logran a un tiempo ser elegantes y desenfadados. Gustan a jóvenes y a mayores. Desde el punto de vista del diseño, son transgresores pero conservan un toque clásico. La compañía mallorquina, fundada por la acaudalada familia Fluxá (conocidos también por controlar la cadena hotelera Iberostar), está presente hoy en 70 países y cuenta con 200 tiendas propias.

Camper (campesino en catalán) comienza su andadura en 1975, cuando Lorenzo Fluxá funda la compañía. Aunque la incursión familiar en el calzado venía de mucho antes. Ya en 1877, Antonio Fluxá (abuelo del fundador) zarpó rumbo a Inglaterra para aprender nuevos métodos de fabricación industrial de zapatos. Su idea era dar un salto de calidad y aprovechar mejor una de las especialidades de Mallorca (concretamente de Inca): la artesanía del cuero.

Cronología

Camper, la huella del Mediterráneo

-1877. Antonio Fluxá, abuelo del fundador de Camper, decide viajar a Inglaterra para conocer nuevos métodos de producción industrial de calzado. Su idea era que los maestros artesanos del cuero de Inca (Mallorca) aplicaran las últimas técnicas al desarrollo de calzado.

-1975. Lorenzo Fluxá crea Camper, una marca que busca desde un principio sorprender con un estilo a la vez funcional y rompedor estéticamente.

-1981. La firma da el salto a Barcelona, ciudad en la que abre una gran tienda.

-1992. Comienza la expansión internacional de la marca. En un primer momento abre filiales en las principales capitales europeas: Londres, París y Milán. Con el tiempo llegaría a estar presente en 70 países.

-1998. Camper gana el Premio Nacional de Diseño, el más prestigioso de los que puede recibir una empresa en este campo. El galardón reconoce la aportación al mundo del diseño durante toda la trayectoria de la compañía.

Al regresar de Reino Unido mostró a los mejores peleteros las máquinas que allí empleaban para producir zapatos. Y se pusieron a trabajar. El entusiasmo de Fluxá fue tal que su propio hijo, Lorenzo (padre del fundador de Camper), nació en una de sus fábricas de zapatos.

La firma, tal y como la conocemos hoy, es fruto de los cambios sociales y económicos que experimenta España en los años setenta. Lorenzo hijo la crea con la idea de convertirla en “una marca cuyo concepto reflejara un nuevo estilo de vida, una nueva forma de pensar basada en la libertad, la comodidad y la creatividad”, apuntan desde la compañía.

La primera tienda abre en Barcelona en 1981. La propia disposición de los productos, la manera de utilizar los espacios y el cuidado en el estilo del local dan a entender al cliente desde un primer momento que la filosofía de Camper trasciende la utilidad del calzado. El diseño ocupa un lugar fundamental en el universo de la marca. Estética y funcionalidad van de la mano en su calzado, y entre ellos debe reinar el equilibrio. De nada sirve lo uno sin lo otro.

Otro elemento fundamental de la marca es su mediterraneidad. La firma reivindica como propia la mezcla cultural propia del Mare Nostrum. “Eso conlleva multitud de contradicciones, pero también muchas virtudes. Modernidad y tradición, creatividad y austeridad, respeto, discreción y sencillez”, afirma un portavoz del grupo.

El resultado es la heterogeneidad. Los Camper no son un zapato cualquiera, sino que más bien tienen en común un estilo propio. “Estamos convencidos de que existen tantas formas de caminar cómodamente como personas distintas”, señalan.

De ahí que clasifiquen su calzado no por estilos, sino por conceptos.El camaleón fue el primero (1975) de ellos: introdujo en España el estilo casual mezclando el zapato clásico y la alpargata campestre. El TWS, con sus pares asimétricos pero complementarios, revolucionaron el sector en 1988. Las zapatillas de lana para estar por casa tipo zueco (wabi) también siguen triunfando desde que aparecieran en 2000. Pero quizá sea el pelotas (1995) su modelo más reconocible: se trata de unas zapatillas deportivas transformadas en zapato. La última evolución de las runner (1984), el primer calzado deportivo pensado para antes y después de hacer ejercicio.

La creatividad de la compañía es un torrente desbordado que, a buen seguro, seguirá inundando el mundo desde la mayor de las Islas Baleares.

Cuando la estética manda sobre todo lo demás

Camper, la huella del Mediterráneo

Si una cosa tiene Camper es capacidad de seducción hacia el cliente. Sus tiendas no tienen nada que ver con lo que normalmente se espera de una tienda de zapatos. Desde la apertura de su bazar de Barcelona, la compañía ha dedicado espacios alternativos a exhibir sus productos, para que el cliente interactúe con ellos. Cada una de las tiendas que se fueron abriendo debía ser completamente distintas a las anteriores, jugando así con la idea de mezcla cultural y diversidad de la que hace gala la firma.
Las cajas, los pósters y las bolsas debían llevar un mensaje y una imagen muy llamativos. La representación gráfica de la marca siempre ha estado muy cuidada. Y lo mismo sucede con el mensaje: sus campañas de publicidad, como The Walking Society (walk, don’t run) promocionan no el zapato, sino la filosofía de la marca.

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