Editorial

La inagotable munición de Mario Draghi

Una de las grandes preocupaciones del Banco Central Europeo en su intento de solventar la crisis financiera y la desconfianza que siguen generando los bancos europeos es que sus decisiones de política monetaria sean realmente efectivas, que lleguen al último eslabón de la cadena financiera, que lleguen al demandante final de crédito, sea empresa o particular. Aunque ha guardado una relativa distancia con la agresiva manera de actuar de otros bancos centrales más expansivos, más comprometidos con el crecimiento y más despreocupados con la presión de los precios, el BCE ha terminado sumando una buena relación de decisiones que han construido una política monetaria de plena disposición de liquidez y a un coste muy bajo.

Ahora, por sorpresa, ha anunciado la aceptación como colaterales de la banca en la captación de recursos en sus subastas de deuda titulizada de categoría media; no será precisa la triple A, como hasta ahora, y será suficiente nota la A respaldada por dos calificadores reconocidos. Abre así de tal forma el abanico que casi todas las entidades financieras que hoy siguen en el mercado disponen de una nueva vía de financiación barata, pero tienen, eso también, cada vez menos excusas para no prestar su dinero a los agentes económicos no financieros.

Tipos baratos hasta cerca del 0%, subastas a tres años por cantidades vastísimas de dinero (un billón de euros) desde principios de 2012, y ahora ampliación de colaterales con los que poder captar recursos. Todo ello para que los mercados interbancarios abran del todo sus puertas y regrese la confianza que es básica para la recomposición plena de los mercados financieros mayoristas, y que es previa a la circulación del crédito para la actividad.

Pero que nadie dé por hecho que acercar el caballo al abrevadero supone que beberá, aunque es obligación de la autoridad monetaria en tiempos revueltos garantizar que haya agua. Lo está haciendo y promete seguir haciéndolo, a juzgar por lo anunciado ayer por el BCE, que reconoce que está estudiando fórmulas adicionales para reactivar los préstamos, especialmente para las pequeñas empresas. Aún dispone de herramientas como llevar los tipos a niveles nominales negativos, sobre todo para los bancos, para obligarles a poner el dinero a trabajar, o comprar deuda como ha hecho la Reserva Federal.

Dado que esta última posibilidad genera muchas reservas en los países nórdicos y centroeuropeos, bien podría ser compensada con una aceleración en la puesta en marcha efectiva de la unión bancaria y sus instrumentos de garantías, que despejará más y más rápidamente las dudas sobre el sistema financiero que la medicina en pequeñas dosis del BCE. Pero, muy posiblemente, habrá que esperar a que pasen las elecciones alemanas.

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