Editorial

La Bolsa puede ser la apuesta de las familias

El principal índice de la Bolsa española está en pérdidas este año, y así cerró los dos últimos, como reflejo fiel de una intensa crisis económica y financiera que ha lastrado los resultados de las empresas. No obstante, pese a este pobre desempeño reiterado, los inversores particulares han incrementado su apuesta por la renta variable española, y en 2012 registraron una inversión neta de 16.000 millones adicionales. La rentabilidad por dividendo, superior al 5%; el elevado potencial de revalorización por el abaratamiento de los precios;la ampliación de la base accionarial de los bancos y otras empresas que han optado por el pago de dividendos en acciones, y las restricciones introducidas en la remuneración del pasivo bancario han vencido las resistencia de los hogares y ahora tienen el mayor porcentaje del valor de la Bolsa desde hace 10 años: el 25,1%.

Los porcentajes de participación de los pequeños ahorradores en el capital de las sociedades cotizadas llegó a superar ampliamente el 30% al final de los noventa, con la eclosión del capitalismo popular representado en la venta masiva de participaciones de empresas de servicios privatizados, desde Telefónica hasta las eléctricas públicas o la banca nacional.

Aunque las empresas españolas llevan implícitos los agravantes de la situación económica nacional, que ha costado desvalorizaciones muy abultadas para bancos, eléctricas, inmobiliarias o constructoras, siguen siendo uno de los mejores refugios para la inversión por en anclaje de sus balances en los mercados exteriores, en los que la economía goza de mejor salud; de hecho, más del 60% de los ingresos obtenidos por las empresas cotizadas del Ibex 35 proceden de mercados externos, y con diversidad económica y de divisas, con presencia tanto de países emergentes como economías de la OCDE.

Pero si España confirma una recuperación de su economía, sus valores redoblarán el interés para los inversores. Independientemente del retorno que pueda proporcionar la revalorización de las compañías, que llegará únicamente de la mano del crecimiento económico en los entornos geográficos en los que operan, y que bien podría demorarse si lo hace la recuperación económica general, los inversores particulares deben valorar también la rentabilidad anual que proporcionan los dividendos más elevados de Europa.

En todos los periodos largos considerados aparece la renta variable como ganadora frente a otro tipo de activos, incluidos los inmobiliarios, siempre que las economías registren aceptables datos de crecimiento de la riqueza. Ahora, y pese al carácter más prolongado de la contracción de la actividad, no será diferente si los inversores depositan su confianza en una buena combinación de empresas de crecimiento, con negocio recurrente y dividendos razonables.

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