Tribuna

Llevar la RSC a la cadena de producción

El presidente Obama suspendió los privilegios comerciales que tenía Bangladés porque su Gobierno “no había dado pasos para darle a sus trabajadores los derechos internacionalmente reconocidos”. Ello a pesar del escándalo por la muerte de 1.021 obreras textiles (abril de 2013) al derrumbarse el edificio en que trabajaban, denunciado el día anterior como lleno de grietas, y otros incendios y derrumbes anteriores.

Bangladés es el segundo exportador mundial de ropa, comprada masivamente por las transnacionales. Paga los salarios más bajos del mundo, 37 dólares por mes, el Gobierno prohibió los sindicatos y un prominente organizador textil fue asesinado, según los medios, por las fuerzas de seguridad, y no hay ningún imputado. Posner, profesor del MBA de New York University, destaca que la decisión “suma presión a las transnacionales de la ropa para que garanticen condiciones humanas en la operación de sus proveedores”. El New York Times elogia editorialmente que “puede ayudar a mejorar la situación de millones de trabajadores”.

Denuncia que la premier Hasina preveía seguir prohibiendo a los trabajadores sindicarse en las industrias de exportación, y que “líderes como ella difícilmente harán políticas que sean impopulares con las poderosas familias dueñas de las empresas textiles a menos que estuvieran forzados a ello”.

El peor accidente en la historia de la industria textil mundial no se hubiera producido si los trabajadores hubieran tenido organizaciones que los defendieran.

La decisión de Obama pone en la agenda mundial la necesidad de impedir lo que el Papa ha llamado “trabajo esclavo”, y de que las grandes empresas velen por aplicar responsabilidad social corporativa (RSC) en toda la cadena de producción.

Las realidades están dejando más obsoleta que nunca la tesis de Milton Friedman de que la única RSC de las empresas era producir utilidades. Como señala, impugnándola, un empresario modelo en RSC, Bill George, que la está enseñando en el MBA de Harvard (2013), esa tesis “excomulgó a los líderes empresariales que estuvieran preocupados por sus empleados, la comunidad y el medio ambiente… Sus teorías tuvieron una monumental influencia sobre generaciones de economistas y ejecutivos que siguieron su filosofía”.

Ha llegado el momento de ponerle punto final y recuperar el tiempo perdido. Entre otros, el Financial Times ha resaltado que hoy los estudiantes de los MBA “claman por cursos que ayuden a reducir la pobreza en el mundo” y no lo contrario.

 La más reciente obra del autor, el best seller ‘Ética para empresarios’, está publicado en español e inglés y está en China en proceso de traducción al mandarín

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