Viajes

Despacio, muy despacio... Menorca

Obligada visita son las calas de Macarella, Macarelleta, Mitjana y Cavallería

Existe una destilería, Xoriguer, donde se sigue elaborando ginebra

El blanco es el color de Menorca. Patio del hotel Torralbenc.
El blanco es el color de Menorca. Patio del hotel Torralbenc.

Menorca, la isla de la calma, de la luz y el silencio, donde todo, menos el viento cuando sopla, transcurre lentamente, sin prisas ni agobios. Nada puede entorpecer el disfrute de un paisaje rural o de un mar cristalino. En medio de tanta paz y sosiego, acaba de llegar a la isla, entre las monumentales Mahón y Ciudadela (esta última de visita obligada), a poca distancia de las mejores playas de arena, entre viñedos, Torralbenc. El primer hotel boutique de la isla, donde el verdadero lujo, alejado de brillos y oropeles, reside en la sencillez y en pequeños detalles que hacen la vida agradable.

De arquitectura tradicional y blanco inmaculado en las fachadas, combinado con colores relajantes en los interiores y donde el sonido del agua fluye en cada rincón, el hotel ocupa una antigua construcción agrícola y las estancias se disponen respetando la distribución que ya existía. El lujo no es otro que una impecable cama, donde apetece descansar, un cuarto de baño perfectamente equipado, con un buena ducha, esponjosas toallas y una cosmética elaborada con hierbas aromáticas de la isla. A media tarde, la habitación es iluminada con una vela de aromas naturales. Y ante de ir a dormir, una rica galleta de mantequilla nocturna.

Situado en el municipio de Alaior, pueblo menorquín de color blanco y calles estrechas, ocupa 70 hectáreas de un conjunto de edificaciones tradicionales de la isla, que han sido recuperadas y donde hay plantado un huerto que abastece al restaurante del hotel, de cuya cocina se ocupa el chef Paco Morales, que hasta hace unos meses oficiaba en el Hotel Ferrero en Bocairent (Valencia). Una propuesta sencilla, con productos de la tierra, donde no faltan las verduras, los pescados o los guisos.

Los desayunos son a la carta, con un surtido de zumos preparados al instante, fruta del día, embutidos recién cortados, y panes y bollería donde no faltan las ensaimadas recién elaboradas. Eso sí, advertencia para todo aquel que no haya estado antes en la isla, las prisas son malas consejeras y aquí mucho más. El desayuno rápido no se concibe, el viajero tiene que relajarse y recrearse en el paisaje, en el mar Mediterráneo que se divisa al fondo, en las mariposas que revolotean alrededor, en la conversación que te ofrece el camarero... A Menorca se va a descansar.

Torralbenc ha sido diseñado por el arquitecto Antonio Esteva, cuenta con 22 habitaciones de las cuales cinco son dobles, están situadas en el edificio principal y combinan la piedra caliza, maderas y tejidos naturales, creando espacios claros y acogedores que invitan al relax; otras cinco son superiores, están ubicadas en el corazón del complejo y permiten disfrutar de vistas despejadas, desde terrazas o balcones privados y de rincones llenos de encantos típicamente menorquines. Otras diez habitaciones son más espaciosas y tienen vista al mar. Asimismo, de arquitectura singular y ocupando una zona ajardinada, se encuentra la suite Garden Cottage, que incluye un acogedor salón separado del dormitorio por un pequeño patio, lo que aporta aún más privacidad a ambas estancias. La otra suite, Pool Cottage, cuenta con una piscina que se funde con la línea del mar. A partir de 300 euros.

De visita recomendable son las calas, Macarella, Macarelleta, Mitjana, Cavallería. En el hotel disponen de bicicletas y de cestas de pic-nic.

Guía para el viajero

Cala de Cavallería.
Cala de Cavallería.

Dónde comer

En Menorca es obligada la caldereta de langosta, los pescados, el arroz. En Fornells, en el restaurante Es Cranc (971 37 64 42), y en Ciudadela se puede hacer una parada en Café Balear (971 38 00 05). En el pequeño pueblo de Sa Mesquida, se encuentra el bar del mismo nombre (971 188 354) donde se puede tomar un arroz, un pescado del día o un helado de ensaimada.

Dónde comprar

Herencia británica es la afición por la mantequilla y la ginebra. En la isla se mantiene abierta la destilería Xoriguer, que vende una sorprendente ginebra. La manzanilla de Mahón, quesos (recomendable los que vende Santa Catalina), o las típicas abarcas.

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