Editorial

Rigor fiscal, reformas, crecimiento e inversión

El Gobierno comenzó el viernes a elaborar los Presupuestos de 2014, tras disponer de la autorización comunitaria para suavizar la senda de consolidación fiscal, que es notablemente menos exigente que la planteada hace unos cuantos meses. Con una senda correctora del déficit que se antoja de guante blanco tras los sacrificios de 2012, y coincidiendo con el punto de estabilización de la economía y una ligera recuperación de las variables de actividad, el Gobierno se ha despachado con un nuevo latigazo fiscal, pese a haber asegurado desde enero que este año no habría nuevas subidas de impuestos.

Esta vez han sido los consumidores de alcohol y tabaco, así como los grandes contribuyentes corporativos, los que tendrán que hacer aportaciones adicionales para equilibrar las cuentas del Estado y las regiones, y se crea un impuesto medioambiental que arranca con una recaudación modesta, pero con amplísimo margen de elevación en el futuro.

El Ministerio de Hacienda ha optado por ajustar los impuestos que menos contestación generan para obtener otros 5.000 millones de euros de ingresos anuales que se quedarán en la normativa fiscal para siempre (nunca hemos visto una reducción de impuestos especiales), y que, por tanto, refuerzan los ingresos estructurales, con una reducción del déficit del 0,5% del PIB para siempre.

Aunque la situación del consumo interno no es la mejor de la historia, tras casi tres años consecutivos de caídas en las ventas minoristas, el Gobierno estima llegado el momento de activar pequeñas subidas para recomponer los ingresos y dotar de mayor margen fiscal de maniobra en el reajuste de impuestos que pretende impulsar para 2015. En tal momento, y ya con el horizonte electoral encima, el Gobierno de Rajoy replanteará la configuración de cada impuesto, acorde con la generación de las rentas sometidas a los gravámenes y de acuerdo con las necesidades de financiación de las cuatro estructuras del Estado: Administración central, Seguridad Social, comunidades autónomas y ayuntamientos.

Será entonces cuanto conoceremos las verdaderas intenciones sobre el impuesto sobre la renta, que de momento mantendrá el recargo ideado para 2012 y 2013 también en 2014, y que se convertirá, como otras veces en el pasado, en uno de los atractivos políticos que Rajoy agitará para la consulta electoral.

Desgraciadamente, si todo ocurre como parece, los políticos persisten en el error de convertir los impuestos en una subasta electoral a la baja, incluso cuando la financiación de los servicios públicos y de las prestaciones universales está cuestionada por la fuerte caída de ingresos. Para plantear rebajas impositivas, que deben activarse cuando pueda demostrarse que movilizan la actividad económica y solo en las figuras que garanticen tal movilización, hay que cumplir de forma holgada primero las cotas de déficit marcadas, porque de ello depende poner en modo contractivo la deuda pública y la garantía de una financiación atractiva y abundante para la economía.

Es evidente que los últimos trimestres el Gobierno ha puesto en circulación unas cuantas buenas reformas que han modificado los cánones competitivos de la economía, y que deben ser completadas por otras decisiones anunciadas desde 2012 y retrasadas sin muchas explicaciones. Por fin está en marcha la ley de emprendedores y en sus últimas consultas la eléctrica, mientras que se ha iniciado la maduración de la de las pensiones, que, como demuestra el recurso otra vez al Fondo de Reserva para pagar la extra de julio, no admite esperas.

Las aprobadas ya han ayudado a estabilizar la economía, y las restantes deben catapultarla al crecimiento sostenido. Además, la contribución europea, con un programa de cerca de 2.000 millones para estímulos al empleo juvenil y mecanismos de financiación para proyectos empresariales que garanticen recursos a precio competitivo para las pymes.

Si todos estos elementos consolidan la recuperación, las empresas españolas vuelven a convertirse en objetivo de inversión prioritario, tal como todos los analistas aconsejan. Tras un comportamiento plano de la Bolsa en el primer semestre, los analistas colocan el índice selectivo Ibex en el entorno de los 9.000 puntos este año. Compañías con negocios bien repartidos geográficamente, buenos dividendos y poca deuda son las apuestas de inversión más seguras.

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