Sergi Arola, cocinero

“El inspector de Hacienda tuvo suerte de no dar conmigo”

Daría de comer, sin rencor, a Cristóbal Montoro si mañana apareciera por su restaurante. Estáagradecido por las muestras de solidaridad, sobre todo por las de sus compañeros de profesión, aunque algunos “significativos” se hayan olvidado de él.

“El inspector de Hacienda tuvo suerte de no dar conmigo”

Ha sido una de las semanas más amargas de Sergi Arola (Barcelona, 45 años). Hacienda precintó el pasado miércoles una parte del restaurante gastronómico (dos estrellas Michelin) que regenta en Madrid desde 2008, en concreto la bodega, una mesa del local y la coctelería de la planta baja, por deudas contraídas con la Agencia Tributaria y con la Seguridad Social, por un importe que supera los 300.000 euros. Atiende a Cinco Días por teléfono, desde su habitación del Hotel Penha Longa, en Sintra (Portugal), establecimiento al que asesora en cocina. De hecho, Arola es una de las marcas gastronómicas españolas más extendidas por el mundo. Dirige además la cocina del Hotel W Opera (París), de la cadena Starwood Hotel & Resort, la del hotel Tivoli de São Paulo (Brasil), los fogones del hotel Ritz de Santiago de Chile (Chile), o un proyecto culinario en Bombay (India). En Madrid tiene el bar de tapas Vi-Cool, con el mismo formato que el que montó en Rosas (Gerona).

Pregunta. ¿Se esperaban la irrupción de Hacienda de una manera tan contundente, a mediodía, con comensales disfrutando de su almuerzo?

respuesta. No, no nos lo esperábamos, éramos conscientes desde el mes de septiembre pasado de la falta en la que habíamos incurrido, y habíamos reconocido la deuda y nuestra intención de solventarla con Hacienda y la Seguridad Social. Lo único que queríamos era solventarla para mantener la viabilidad de nuestro negocio. Cambiamos de administrador y comenzamos a pagar religiosamente lo que nos correspondía cada mes, de manera que íbamos pagando la deuda contraída. Intentábamos todos los meses aportar 2.500 euros y a la Seguridad Social lo mismo. Hasta ahora habíamos liquidado unos 50.000 euros. Con Hacienda tenemos una deuda de unos 148.000 euros y con la Seguridad Social, de 130.000.

P. Si habían acordado el pago de estas cantidades, ¿qué ha sucedido para que le hayan precintado el local?

R. Mientras la Seguridad Social se puso en todo momento a nuestra disposición para facilitarnos el pago, con Hacienda ha sido todo intransigencia desde el primer minuto, sin la mínima empatía. Las maneras son impropias de un país avanzado y democrático como España. Lo que más me ofende, y lo que me va a costar olvidar, es el trato inhumano.

P. ¿A qué se refiere?

R. A que un señor, al que pagamos todos los españoles, entrara en el restaurante cuando estaban los comensales comiendo y fuera tan intransigente con Sara [se refiere a Sara Fort, la jefe de sala y su exmujer], que tenía en ese momento un ataque de nervios. Cuando se marchó del restaurante lo hizo riéndose y le dijo que lo que había sucedido no era su problema y que si fuera él cerraría en ese momento. Esas no son formas. Tuvo suerte de que yo no estuviera en el restaurante porque no sé cómo habría actuado, pero no con la educación de Sara.

“¿Qué hago ahora, me inmolo?

P. ¿Tiene patrimonio para hacer frente a la deuda?

R. No, no tengo nada más que mi sueldo. En España hemos hecho inversiones que valen ahora un 40% menos. Tengo una casa, que llevo intentando vender desde hace dos meses, pero no se venden casas. Liquidaría la hipoteca que me queda y la deuda. ¿Qué hago ahora, inmolarme? Si fuera un empresario de verdad hubiera cerrado y despedido a la gente.

P. Pasa mucho tiempo fuera de España.

R. En París es donde más tiempo estoy. Fuera se me valora como cocinero. Tengo proyectos en Asia que van a salir en breve y que son ilusionantes. Veo a mis hijas dos días a la semana y me ha costado mi relación personal con Sara, que no la profesional. Solo quiero cocinar y estar con mis hijas.

P. ¿Debe dinero a proveedores?

R. Nunca he dado la espalda a las deudas que hemos tenido. Con los bancos puedes hablar, estudiar la viabilidad, los pros y contras, y con los proveedores puedes negociar. Vales más vivo que muerto.

P. ¿Volverá a abrir el restaurante?

R. No lo sé. Ahora todo está en manos de los abogados. En un negocio como este todo es muy sensible. Llevamos ya varios días sin abrir y hemos dejado de ingresar entre 3.000 y 7.000 euros al día. No puedo abrir el restaurante si no tengo vino. La mayoría de los clientes que tengo son extranjeros y no puedo tener la bodega y las mesas precintadas. El mobiliario es caro, de piel, y se ha estropeado. No son maneras de un país civilizado.

P. ¿Este incidente puede dañar la marca Arola?

R. Afortunadamente, la mayor parte de mi perspectiva profesional la tengo en el exterior, lo que ha pasado lo único que ha hecho ha sido reafirmarme fuera. Tengo que hablar con Sara porque me planteo irme de España. Hay determinados países que estarían encantados de que abriera un restaurante gastronómico. Hay ciudades, como Montevideo (Uruguay), que me encantan.

P. ¿Descarta volver a abrir en Madrid?

R. Mi compromiso siempre ha sido con Madrid, lo que pasa es que en los últimos años me han obligado a vivir mucho tiempo fuera. Ahora tengo que velar por los intereses de Sara y de mis dos hijas. Si ella quiere irse, nos moveremos. Depende de ella. Ahora está todo muy caliente y hay que tomar decisiones con la cabeza fría. Yo no he cometido ningún delito y no tengo nada de lo que avergonzarme. Me ha ocurrido lo que a miles de pymes que sufren el desprecio de la Agencia Tributaria. Muchos pequeños empresarios se han solidarizado conmigo porque se ven en la misma situación.

P. Tiene 14 empleados.

R. Sí, y no sabemos qué va a suceder, llevamos días sin generar ingresos. Llevo años batiéndome el cobre por la marca de mi país y estoy orgulloso de las cosas que he hecho. ¿Qué pensáis que es la gastronomía de lujo? Los periodistas no sabéis lo que es un restaurante de lujo, deberíais sentaros a empollaros las cuentas, y veríais que es deficitario desde el primer minuto y que va a precisar de ingresos complementarios.

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