Mercado inmobiliario

El ladrillo, a la espera de otro El Dorado

Constructoras y promotoras han tenido que abandonar el parqué, refinanciar deudas, afrontar concursos de acreedores y buscar nuevos nichos de mercado para su actividad

El ladrillo, a la espera de otro El Dorado

Ni es nueva ni inesperada, la sombra de la crisis del ladrillo es alargada y ha socavado con furor la economía española, al menos, tres veces durante las últimas décadas. La primera se fecha en los setenta y se achaca, en parte, a la subida del petróleo y la escalada inflacionista que provocó.
La segunda se produce en los noventa, donde la caída de los tipos relaja las condiciones de los préstamos. Las facilidades de los bancos llevan a muchos españoles a destinar el 50% de su renta a la compra de vivienda a pesar de que los precios de los pisos se disparan como nunca y de las medidas -o por ellas- para la liberalización del suelo.


Las grandes inmobiliarias cotizadas pierden 84,6 millones de euros al cierre del primer trimestre del año, lo que supone reducir en un 60% los 'números rojos' contabilizados un año antes

Y de aquellos lodos, estos barros de la situación actual en la que la caída de Lehman Brothers en 2008 provocó una crisis financiera internacional y puso de relieve la debilidad de promotoras y constructoras. Con una oferta de pisos muy superior a la demanda y unos precios disparados, la crónica del pinchazo de la burbuja inmobiliaria estaba anunciada y muchas empresas del sector tienen que enfrentar una “reorientación de su actividad” como Colonial que “decide abandonar el negocio del suelo y las promociones y centrarse en exclusiva en el alquiler de oficinas en zonas prime de ciudades como Madrid, Barcelona o París”, explica un portavoz.


“Hay que buscar nuevos nichos de mercado, porque el inmobiliario residencial no tiene visos de recuperación a corto plazo”.


Los stocks de casas, edificios y oficinas vacíos y nuevos hicieron también mella en los bancos, que financiaron sin reservas. A los particulares, el paro y el endeudamiento excesivo les ha llevado al impago y al drama del desahucio. Las empresas se han visto abocadas a encarar fuertes reestructuraciones de deuda, reorganizar el negocio e incluso, salir del parqué.


Es el caso de Metrovacesa, tras más de medio siglo de cotización y noventa años de historia. Hoy “se ha consolidado como la inmobiliaria patrimonialista líder en España, se está llegando al final de ciclo y debemos estar preparados”, explica Itziar Mendizabal, directora de patrimonio. Es importante, “tener buenos edificios, bien situados, pero debemos ir más allá y dar cobertura a las nuevas necesidades de los clientes”. Una interrelación que la globalización y el negocio digital “nos obliga a ser más flexibles” y a incorporar las nuevas tecnologías para ser más competitivos.

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