El Foco

La burbuja del emprendimiento

Después de la burbuja financiera y de la burbuja inmobiliaria, las cuales están aún por digerir, ya suenan numerosas voces que nos alertan de que la próxima burbuja económica va a ser la burbuja del emprendimiento.

El emprendimiento es fundamental para el desarrollo en general, y para el desarrollo económico en particular. De hecho, es la falta de emprendimiento una de las causas que nos han llevado a la debilidad de nuestra economía, a su falta de competitividad y a un crecimiento insuficiente que no genera empleo, cuando no al crecimiento negativo al que los economistas siempre hemos llamado, simplemente, decrecimiento. Por tanto, no es de extrañar que el Gobierno y otros agentes económicos y sociales se hayan lanzado a promover el emprendimiento poniéndolo de moda en foros, debates, mítines, noticiarios y hasta en la propia actividad legislativa.

La falta de emprendimiento es una de las causas que nos ha llevado a la debilidad de nuestra economía

De pronto, parece que el emprendimiento, en su acepción más abstracta, es la solución mágica a los diversos males que nos afligen, incluidos los desequilibrios presupuestarios, la falta de ingresos fiscales, las rivalidades y dispendios de las autonomías y, sobre todo, parece el remedio milagroso para acallar la estridente cifra de más de seis millones de desempleados.

El pasado 24 de mayo el Gobierno presentó un anteproyecto de Ley de apoyo a los Emprendedores y su internacionalización, pero habrá que ver cómo se concretan en sus detalles y ejecución los aspectos que contempla, algunos de los cuales eran ampliamente demandados.

También el Gobierno ha informado recientemente sobre los primeros resultados de la Estrategia de Emprendimiento y Empleo joven. Sin embargo, emprendimiento no es autoempleo. El autoempleo es una fórmula administrativa, que en su caso podría ser adoptada por un emprendedor individual. Estos errores de concepto, junto con acciones y normativa incorrectas o mal orientadas, pueden provocar, como en ocasiones anteriores, resultados nefastos y previsibles que debemos evitar.

Podemos imaginarnos con facilidad el escenario desolador del estallido de una burbuja del emprendimiento. Cientos de miles de desocupados y desocupadas son animados a emprender, cuando no forzados por las circunstancias, en asuntos en los que no tienen ni el más mínimo conocimiento, ni experiencia, ni formación, empujados a un fracaso seguro en un escenario económico de falta de demanda. Las consecuencias son devastadoras. El daño psicológico en las personas puede ser irremediable, heridas su confianza y su autoestima, en su relación con familiares y amigos, ya nunca volverán a emprender si se les presenta la ocasión. Además, el problema tiene una vertiente económica dramática, al empeñar sus propiedades e, incluso, fomentado desde la administración, perder sus indemnizaciones por despido, que pueden percibir de una sola vez, para invertirlo todo en una aventura arriesgada. El fracaso es necesario, pero no imprescindible. El fracaso debe ser fruto de asumir el riesgo y genera aprendizaje. Es lo que se conoce como fracaso constructivo. Pero debemos equipar a los emprendedores, incluida su formación, para reducir el fracaso en tiempo y forma, así como sus consecuencias negativas. En la cuestión financiera, parece haberse olvidado que la función primordial de las instituciones financieras, incluidos bancos, cajas y aseguradoras es, precisamente, la diversificación del riesgo haciendo su trabajo, que no es otro que el apoyo al emprendimiento de toda índole y no actuar como meros contables.

Los emprendimientos de base tecnológica generan más valor añadido que otros menos sofisticados

Es necesario un sistema de emprendimiento que ayude eficazmente a los emprendedores y emprendedoras, sobre todo a los más débiles. Un pequeño negocio donde ya hay tres establecimientos similares, no parece un emprendimiento muy prometedor, por mucho que se innove en los detalles o se conecte a las redes sociales. Todo dependerá de esfuerzo y constancia, pero alguien debe alertar del riesgo evidente y reorientar a una alternativa exitosa.

Hay que alertar particularmente sobre los grandes proyectos de entes públicos, que deben dirigirse por profesionales de reconocida solvencia, contar con medios adecuados y ser evaluados críticamente, pues un fracaso en tales empeños supone un desastre para el erario público. Esto no solo aplica a obras de infraestructuras, sino a centros tecnológicos, parques industriales y programas de la administración.

Sin embargo, emprender no es flor de un día. Supone un esfuerzo continuado y a largo plazo, es también actitud en el trabajo como la de José Luis López Gómez, ingeniero de Talgo y miembro del Foro de Empresas Innovadoras (FEI), premiado recientemente como mejor inventor Europeo por su Modelo de optimización de guía de vehículos ferroviarios. Un ejemplo a seguir porque sorteó numerosas dificultades que le obligaron a perseverar incluso después de su jubilación.

Son tiempos nuevos. Además de ser tiempos nuevos, son tiempos distintos. Soluciones que habíamos aplicado en el pasado ahora no son totalmente válidas. Sin embargo, no somos novatos ni tampoco somos totalmente ignorantes ante los nuevos desafíos. Hay muchas cosas que sabemos respecto al emprendimiento, tanto individual, como de grandes proyectos colectivos.

Por ejemplo, los emprendimientos de base tecnológica suelen generar mucho más valor añadido que otros emprendimientos menos sofisticados. También suelen generar mucho más empleo y de mayor calidad, tanto directo como indirecto. Suelen ser, además, actividades más competitivas y, por tanto, negocios más sostenibles y adecuados a la globalización. En definitiva, duran más, generan otros emprendimientos de valor y dan una imagen de marca de calidad al país. Es imprescindible fomentar el emprendimiento de base tecnológica, para lo cual se necesita formación, experiencia, tecnólogos y tecnólogas, investigación y patentes.

Otra cosa que sabemos es que los emprendimientos de carácter innovador aumentan su cuota de mercado respecto a sus competidores no tan innovadores. Además, les permite aumentar netamente su productividad, exportar más y generar más empleo. Todo esto es sabido y demostrado, por lo que la innovación es indispensable para el emprendimiento exitoso.

El paradigma de transferencia de tecnología ha cambiado. De un modelo de pura transferencia del conocimiento se ha pasado a un modelo de desarrollo conjunto de los proyectos de investigación tecnológica involucrando a investigadores y usuarios desde el principio. Este modelo debe ser adoptado en los grandes emprendimientos científicos y tecnológicos y, también, recomendado en los de menor escala.

Los emprendimientos que se internacionalizan rápidamente o nacen con una visión global crecen más rápidamente y tienen mayores probabilidades de éxito. Incluso modestos emprendimientos dirigidos a pequeños nichos de mercado tienen mayor viabilidad si estos nichos en conjunto representan un mercado internacional de mayor volumen. La internacionalización supone, además, adquisición de información y conocimiento estratégicos. Lamentablemente, la participación en grandes proyectos internacionales como los de la Agencia Europea del Espacio (ESA) o el CERN se ha reducido y nuestra participación en Programas Marco europeos es mejorable. Errores gravísimos a corregir, ya que está demostrado que son campos potencialmente fértiles para el emprendimiento exitoso y tienen cuantiosos retornos tecnológicos, económicos y sociales.

La Administración, las empresas, los docentes, los expertos independientes y las instituciones financieras deben apoyar a los emprendedores y emprendedoras. Como ya hemos apuntado, es importante minimizar el fracaso y obtener todo el potencial de nuestro talento para evitar el estallido de una nueva burbuja en nuestra economía.

José Manuel Jiménez es miembro del Foro de Empresas Innovadoras (FEI)

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