"No estoy más de una hora al día en esta sala"

El despacho ‘abandonado’ en Hoss Intropía

Constan Hernández dirige con un estilo inquieto esta pequeña multinacional

El despacho ‘abandonado’ en Hoss Intropía

Todo el mundo en esta empresa sabe cómo suenan mis pasos. Hablo alto y saben cuándo estoy llegando a su sitio de trabajo”, cuenta Constan Hernández, fundador y socio mayoritario de Hoss Intropía. De estilo inquieto de liderar, necesita salir de su oficina y abandonarla para hablar con su equipo. “No estoy más de una hora al día en el despacho. El resto del tiempo me lo paso subiendo y bajando escaleras, para que me vean y para ver al equipo. No sé si es una forma de trabajar antigua, pero yo necesito el trato con la gente”, dice.

Constan Hernández (Talavera de la Reina, Toledo, 1961) es lo que ahora se llama un emprendedor de éxito. Un empresario hecho a sí mismo. Después de acabar tercero de BUP se puso a trabajar en una empresa de publicidad. “No me gustó nada”, confiesa. Pero la oportunidad que le cambiaría la vida le llegó con el diseñador ya fallecido Luciano Pineda. “Él era un desastre para la parte empresarial. Así que en tres años hice un verdadero máster de aprender a hacerlo todo”, comenta. “En aquella época no estaba muy bien valorado dedicarse a la moda. No había llegado todavía el éxito de Inditex. O creían que eras gay o que algo raro pasaba”, reflexiona. Después sería directivo de varias multinacionales extranjeras de ropa. Hasta que decidió dar el salto por su cuenta. Creó Homeless, el germen de la actual Hoss Intropía, en 1994, y fue un éxito inmediato.

El nombre de Homeless se redujo a Hoss. Y después de estar un año dándole vueltas a algún nombre sugerente, se le ocurrió Intropía. Fue delante del ordenador cuando se fijó en la palabra “intro” y le añadió “utopía”. “Me encanta la palabra utopía. Es fundamental pensar en lo imposible. Hay que ponerse objetivos complicados”.

El despacho ‘abandonado’ en Hoss Intropía

Para Hernández su vida familiar es crucial. Tiene tres niños de entre cuatro y diez años. “He bajado el número de horas de trabajo. Tengo que desayunar con ellos y me voy alrededor de las seis de la tarde para verles y cenar juntos”. Así que su ritmo laboral ha descendido un poco. Llega temprano a la empresa. Primero pasa por administración para preguntarle al director financiero algunos datos del día. Sube a su despacho. Mira las cifras clave de la jornada en su ordenador y entonces empieza su recorrido por la casa. “Todo el mundo sabe que en algún momento del día me va a ver y me puede decir lo que me tenga que decir”.

Su papel, “lo que a mí me gusta”, reconoce, es el lado más empresarial. “Me focalizo más en los temas industriales. Me encanta ver fábricas”. Eso hace que unos 60 días al año esté de viaje, por ejemplo en India o China. “A nuestros proveedores les exigimos calidad. No tengo una presión por el precio como otras marcas. No discutimos por márgenes de dos dólares. Por eso sabemos que sus operarios son más especializados y están mejor pagados y cuidados”, explica.

De hecho, considera “la justicia”, como el valor fundamental de la empresa. “Hay que ser justos con los empleados”. O con las trabajadoras más bien, porque el 90% de la plantilla es de sexo femenino. “Recibimos más candidaturas de mujeres por ser el sector de la moda. Ellas han demostrado tener un nivel de preparación equivalente o mejor que los hombres. No se puede imaginar la cantidad de partos que tenemos en la empresa”, bromea. La otra pata de la firma es precisamente mujer, la directora creativa y cofundadora, Paloma Vázquez de Castro.

La firma se dirige a un segmento de clientas de clase media y media-alta, sin llegar a ser lujo. “No vamos a la tendencia más rabiosa. Nuestro estilo pasa por que la mujer no se estrese con la marca. Queremos que nuestros productos sean amables y tengan un valor propio. Están dirigidos a aquella clienta con el suficiente carácter de ponerse lo que le dé la gana”, asegura. En los últimos años ha ligado su imagen al diseñador Miguel Palacio, que prepara una colección para Hoss, “destinada a quien no puede pagar 2.000 euros por un vestido pero sí 480”.

Otro de los éxitos de la firma es su salida fuera de España, con más de 1.600 puntos de venta en 48 países y un 50% de su facturación proveniente del exterior. “Desde el principio quise exportar. Siempre me había dedicado a vender ropa de los guiris y creí que nosotros podíamos hacer lo mismo. Aunque al principio perdíamos dinero”. Y sigue imparable abriendo tiendas por todo el mundo.

Sin embargo, en España no le va así de bien. “Aunque mucha gente no lo entienda, la subida de Rajoy en las retenciones en el IRPF nos ha perjudicado mucho. Mis cálculos dicen que nuestras potenciales clientas, profesionales de poder adquisitivo medio-alto, han perdido 300 euros netos al mes en sus nóminas. Y eso lo notamos”.

Un ‘Playboy’ en la repisa

El despacho ‘abandonado’ en Hoss Intropía

El despacho de Constan Hernández es sencillo. Con pocos muebles. “Quería algo blanco, limpio, que dé sensación de paz”. Junto al sólido escritorio verde y blanco de formica, se levanta un gran ventanal que permite la entrada de luz natural casi todo el día. Además se respira tranquilidad, sin apenas ruidos. Hoss se mudó en 2009 a un edificio en una antigua zona industrial del centro de Madrid, junto a la calle Pradillo. “Siempre me ha gustado el barrio. Quería que nos mudásemos aquí”. El edificio tiene ese toque industrial, pero decorado con mimo, entre minimalista y setentero en su mobiliario.

Le acompañan marcos con fotos de sus hijos, algún cuadro sin colgar en un sofá que compró en un anticuario italiano en una estación de esquí, una lámpara de canicas y un espejo con cucharillas, ambos de una escultora de Milán, y algunos catálogos y papeles sobre su mesa.

Enfrente, en un mueble bajo, más fotos de sus hijos, una planta zen “a la que no hay que regar” y una revista Playboy antigua que le regaló su secretaria, de mayo de 1961, su fecha de nacimiento.

Y al lado, dos pistas sobre su pasión. Un cuadro con un coche de Fórmula 2 firmado por el piloto Andy Soucek y un trofeo de una competición del Mini Challenge, que le permitió pilotar en los circuitos de Jerez y Montmeló. Cada sábado lleva a sus dos hijos mayores a rodar con karts, donde aúna el tiempo de estar con su familia y el motor. “Siempre me ha encantado la velocidad, pero en un circuito. Es mi manera de desahogarme”.

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