Autónomos jóvenes, el retrato robot del nuevo emprendedor

Autónomos jóvenes, el retrato robot del nuevo emprendedor

Las franquicias se plantean como una buena solución a la situación económica de hoy

Pocas veces se juntan en tan poco espacio tanta gente dispuesta a emprender. El 78% de los visitantes registrados para Expofranquicia, certamen que arranca hoy, declara tener una intención inversora, bien sea orientada a abrir un negocio propio (34%), para convertirse en socio capitalista de un tercero (22%), para generar un autoempleo (15%) o para ampliar su red de comercios (7%).

Estos datos, recabados por los organizadores de la feria en base a encuestas preliminares, indican también que el 29% de los visitantes son autónomos, mientras que otro 28% son empleados por cuenta ajena que se plantean revertir su situación profesional. La mayoría, estén en una u otra categoría, tiene menos de 40 años.

Por lo que se refiere a su capacidad inversora, el 36% planea una inversión de hasta 30.000 euros, un 22% estaría dispuesto a dedicar entre 30.000 y 60.000 euros a su nuevo negocio y otro 23% declara poder llegar hasta los 120.000 euros. Una minoría (6%) se plantearía poner 180.000, mientras que a 300.000 llegaría tan solo un 5%.

Unos y otros tienen en común el hecho de plantearse canalizar su inversión a través de una franquicia. Este modelo de negocio ha reforzado su imagen de manera notable en los últimos años. “Ante los escasos rendimientos ofrecidos por los activos inmobiliarios y la inestabilidad bursátil, un porcentaje creciente de emprendedores acude a la franquicia en busca de modelos de negocio que ofrezcan rentabilidades a sus capitales”, señalan los organizadores del evento.

Autoempleo en tiempos de crisis

Contar con un negocio propio se ha convertido en una de las opciones más realistas para lograr unos ingresos estables. Según los datos que maneja la organización de Expofranquicia, hay tres colectivos que están muy interesados en las franquicias: los parados, los dueños de pequeños negocios familiares y un creciente número de jóvenes.

Este último grupo en busca de autoempleo valora positivamente que el formato de la franquicia permite el inicio de la actividad con una inversión mínima y la posibilidad de trabajar desde su propio domicilio o desde centros de coworking que funcionan con un mínimo personal.

La otra cara de la moneda la representan personas con alta capacidad inversora. Muchos de ellos provienen del empresariado afectado por el cambio de ciclo, mayormente del sector inmobiliario y financiero. Este colectivo puede superar los 600.000 euros de inversión, normalmente en alimentación, restauración y hotelería. Tampoco es pequeña, según los organizadores, la capacidad inversora de los ejecutivos en tránsito: personas que abandonan sus puestos de trabajo con unas indemnizaciones cuantiosas, lo que les da capacidad para abordar inversiones por encima de los 150.000 euros. Buscan negocios con operativas sencillas que les permitan mantener su disponibilidad en el mercado laboral.

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