Editorial

Depósitos bajo siete llaves

El Gobierno ha acogido con buenos ojos la propuesta de la banca española de blindar normativamente los depósitos frente a cualquier posibilidad de futuro rescate. La sombra de incertidumbre que la solución inicialmente dada por Bruselas a Chipre –involucrar a todos los ahorradores, también a los pequeños, en el rescate del país– ha proyectado sobre las economías periféricas ha inquietado profunda –y lógicamente– al sector financiero. El propio Luis de Guindos defendía ayer de forma tajante la necesidad de asegurar por vía legislativa que los depósitos españoles no puedan verse involucrados bajo ningún concepto en una operación de rescate. La fórmula solicitada por la banca española consiste en que se elimine de cualquier texto que pueda provenir de Bruselas el concepto de depósito, tanto de más como de menos de 100.000 euros, ante un rescate. El apoyo del Gobierno a esta petición no puede sorprender en absoluto. La confianza de los ahorradores –especialmente de los pequeños– constituye la viga maestra que sustenta el conjunto del sistema financiero. Una confianza que participa de la fragilidad propia de todo intangible y que, por tanto, resulta tan difícil de apuntalar como fácil de derribar. El error, grave error de cálculo de Bruselas, al haber propuesto para Nicosia una solución que implicaba quebrar el principio de protección de los depósitos inferiores a 100.000 euros, no puede solucionarse con palabras tranquilizadoras, sino que requiere la voluntad normativa de blindar los ahorros de los europeos. En línea con esa estrategia, la AEB y la CECA trabajan ya en la elaboración de un documento que entregarán al Gobierno y en el que plasman su propuesta. A la vista de lo manifestado ayer por Luis de Guindos, todo apunta a que el Gobierno recogerá el guante y apoyará la iniciativa.

Es cierto que la Unión Europea garantiza ya a través de una directiva los depósitos de los europeos –directiva que en España se recoge en el decreto que regula el Fondo de Garantía de Depósitos–, pero también lo es que tras lo ocurrido en Chipre ese respaldo tiene grietas. Unas grietas que solo pueden soldarse a través de tres vías. La primera de ellas es, precisamente, ese blindaje normativo de los depósitos en caso de rescate. La segunda pasa por seguir avanzando en la recapitalización directa de la banca, mientras que la tercera exige constituir un Fondo de Garantía de Depósitos común en toda la UE. Como en todas las políticas europeas, la clave aquí es elegir el camino hacia la mayor cohesión e integración posible entre todos los socios del euro. Una cadena sólida y pesada en la que no haya eslabones frágiles ni países más vulnerables que otros.

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