Editorial

La deuda recupera la línea

La deuda española recupera músculo. Los bonos del Tesoro a dos, cinco y diez años cotizaron ayer a niveles no vistos desde noviembre de 2010, cuando se producía el rescate a Irlanda y la perniciosa tormenta financiera que muy pronto empañaría los cielos europeos entraba en su apogeo. Desde entonces, la evolución de la rentabilidad de la deuda española –especialmente la del bono a dos años – ha servido para testar el nervio del mercado y dibujar con nitidez la crisis de confianza que ha sacudido a las economías periféricas. Del 6,64% de rentabilidad que el bono a dos años llegó a tocar en julio del año pasado se ha vuelto a un entorno del 2%. Ni siquiera el jarro de agua fría que ha supuesto el fallo del Tribunal Constitucional de Portugal contra los programas de austeridad diseñados por la CE, el FMI y el BCE para Lisboa lograba ayer empañar la mejora de forma del Tesoro español.

La lenta pero sostenida vuelta a la calma de los mercados financieros, una vez reconducido el temor al contagio de la crisis entre las economías más vulnerables, así como el cumplimiento de los deberes de austeridad impuestos por Bruselas, explican en buena parte las buenas noticias para el bono español. Una mejora que tuvo uno de sus puntos de inflexión en la intervención el año pasado del Banco Central Europeo, con un programa de compra de deuda que marcó un antes y un después en los costes de financiación de nuestra economía. También la compra de bonos por parte de inversores japoneses, que en este momento buscan rentabilidades fuera de su país tras la macroinyección de fondos a la economía por el Banco de Japón, puede explicar parte de esta mejora en el comportamiento de la deuda periférica.

De todos esos factores hay uno sobre el que España tiene un control evidente: el mantenimiento de la política de reducción del déficit público para cumplir con los compromisos adquiridos con Bruselas. La agenda de reformas estructurales –a la que restan puntos vitales por abordar; es el caso de la reforma energética, por ejemplo– tampoco debe ralentizarse o perder fuelle, sino seguir poniendo las bases de mejora de la economía y, por ende, de confianza de los inversores. En línea con lo anterior, el propio Tesoro ha decidido reforzar su posición en la guerra por la financiación y facilitar la compra de deuda soberana también a los pequeños ahorradores. La plataforma diseñada por BME empezó a funcionar ayer bajo la premisa de hacer crecer la base inversora de la renta fija soberana española. Desde los años noventa, la presencia de los particulares ha ido disminuyendo, una evolución que esta iniciativa pretende revertir. A la espera de ver cómo es recibida la nueva plataforma, todo aquello que suponga abrir puertas seguras a los pequeños inversores debe ser bienvenido.

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