Editorial

Lo que queda del ajuste de la economía

España ha pasado de vivir envuelta en cierta euforia por la mejora de la percepción financiera que los inversores internacionales tenían del país en los pasados meses al pesimismo de comprobar que tal percepción no tendrá, al menos en el medio plazo, efecto en los números de la economía, sobre todo en los de inversión, crecimiento y empleo. Hasta tal punto ha llegado el revisionismo, que el Gobierno se ha visto obligado a corregir sus planteamientos macroeconómicos para este año y el que viene y admitir que la economía mantendrá la tendencia recesiva más tiempo y con más intensidad de la estimada, y que la recuperación se retrasará. No ha adelantado las cifras definitivas, que presentará en abril con la revisión del Programa de Estabilidad que debe enviar a Bruselas, pero no estarán muy alejadas de las que ha anunciado el Banco de España: 2013 mantendrá perfil contractivo en todos y cada uno de sus trimestres, y solo en 2014 se recuperará el crecimiento interanual, que será moderado, pero creciente a lo largo del ejercicio, de tal guisa que el PIB crecerá un 0,6% en 2014, mientras el Gobierno apunta hacia un 1%. Para este año estima un descenso del PIB del 1,5% (algo más que en 2012), y el Ejecutivo se decanta por una cifra que podría estar muy cercana al 1% negativo.

Más allá de las cifras, que únicamente tratan de medir el tamaño del ajuste o del avance, cuenta la tendencia, de la que dependen buena parte de variables que terminan condicionando el crecimiento. El empleo no tendrá mejoras apreciables hasta la segunda mitad de 2014, con generación de puestos de trabajo en el sector privado si se mantiene el control de los costes laborales iniciado con la reforma laboral, pero con destrucción aún en el sector público, hasta el punto de que la tasa de paro, que superará ligeramente el 27% en 2013, solo cederá décimas en 2014.

Con este escenario, conseguir los objetivos de reducción del déficit para mejorar la financiación mayorista para que se traslade a la economía, que aún estará una temporada en un proceso de lento desapalancamiento, será más complicado, y el Banco de España recomienda al Gobierno que convierta en estructurales las medidas de ajuste fiscal (subidas de impuestos) que tomó a finales de 2012 para el siguiente bienio. Por tanto, nos espera un medio plazo con la renta disponible declinante para poder mejorar la financiación que pueda reactivar la inversión futura.

Ante este panorama de una mayor parsimonia en la recuperación de la economía, el Gobierno tiene que acelerar todas las reformas pendientes para estirar lo máximo posible el crecimiento potencial de la economía. España no puede empezar a considerar normal tener un 26% de desempleo, y solo puede reducirse con un crecimiento que supere al menos el 2%, algo que no aparece en ningún pronóstico de ningún instituto de análisis en unos cuantos años.

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