Tribuna

Empleo juvenil, un reto para Europa

El empleo es la mayor preocupación de los españoles. Nos quita el sueño más que la corrupción, la inseguridad ciudadana, la sanidad o la lucha contra el terrorismo. Y es que estos asuntos, sin duda vitales para todos nosotros, pasan a un segundo plano cuando nos jugamos el sustento económico de nuestro día a día.

Por primera vez en nuestra historia, en este mes de febrero las Oficinas de los Servicios Públicos de Empleo han superado los cinco millones de desempleados registrados. La última Encuesta de Población Activa (EPA) muestra una situación aún peor, con casi seis millones de desempleados y más del 55% de los menores de 25 años en paro. Estas cifras vuelven a fijar nuestra atención en la difícil situación que afrontan nuestros jóvenes, uno de los colectivos más castigados por el desempleo y una generación que corre el riesgo de quedar excluida del mercado laboral.

La Unión Europea lleva tiempo mostrando gran interés en la lucha contra el paro de este sector, vulnerable y a la vez crucial para el progreso de un país. Su último compromiso se plasma en la “garantía juvenil”, una recomendación que facilita a los menores de 25 años que no estudian ni trabajan el acceso a una oferta de trabajo, prácticas o formación adicional. Un tenue rayo de luz para los 7,5 millones de jóvenes europeos que actualmente podrían acogerse a esta iniciativa.

En España son muchas y muy distintas las voces que claman que es necesario comenzar a actuar. El gobierno ya ha confirmado que aplicará la medida europea con su Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven, que también contempla novedades como la tributación reducida para jóvenes emprendedores. Y las organizaciones empresariales claman por un mayor acercamiento entre el sector educativo y el profesional, que permita tener en cuenta sus necesidades a la hora de diseñar las titulaciones.

Mientras tanto, las universidades debemos garantizar que la formación que ofrecemos es la adecuada para convertir a nuestros estudiantes en emprendedores y profesionales competitivos e internacionales. Una formación que responda a sus objetivos y les proporcione un perfil deseado por las profesiones. Que sea capaz de motivarles para esforzarse y desarrollar al máximo su potencial, luchando así contra las altas cifras de jóvenes que no estudian ni trabajan, que en nuestro país se ha incrementado en ocho puntos desde 2006.

En este contexto surgen nuevos informes que confirman, una vez más, que tener una buena formación es crucial para encontrar trabajo. El Observatorio laboral de la crisis de FEDEA (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) descubría hace unos días que los parados con estudios básicos tienen un 22% menos de posibilidades de ser contratados que los universitarios. Y el último boletín económico del Banco de España concluye que las medidas para mejorar la empleabilidad de los jóvenes deben poner especial énfasis en mejorar su nivel educativo y adaptar la formación a las necesidades del mercado laboral.

Estoy convencido de que estas medidas apuntan a un cambio de mentalidad muy necesario. Una forma de entender el futuro que acepta que vivimos en una sociedad internacional, en la que sólo podremos competir en igualdad de oportunidades si apostamos por la innovación, el espíritu emprendedor y la formación permanente. Y que pone de relieve que la educación es una apuesta segura, en la que no debemos tener miedo a invertir si no queremos ser los últimos en llegar a la meta.

Porque nuestro futuro está en manos de los jóvenes que, hoy día, están esperando nuestras respuestas. Una generación que cuenta con una gran preparación y que no debe perder la esperanza. Por el contrario, debe potenciar sus fortalezas, multiplicar su esfuerzo y buscar oportunidades para diseñar el panorama económico y empresarial que nos guiará en los próximos años. Ayudémosles a conseguirlo.

 

Miguel Carmelo es Presidente de la Universidad Europea y CEO de Laureate International Universities Europa

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