Editorial

Un esfuerzo que aún no ha concluido

El esfuerzo de ajuste fiscal realizado por España en 2012 supone una hazaña sin precedentes, al menos desde que existen datos estadísticos. La economía española ha cerrado el año con un déficit público del 6,7% –una vez descontado el efecto del rescate bancario– que supone una reducción de 2,2 puntos. Desde 1850 solo en cinco ocasiones se ha logrado un ajuste superior a dos puntos, pero ninguna de ellas se llevó a cabo en medio de una recesión. A falta de conocer los detalles desagregados, todo apunta a que esas cuatro décimas de desfase respecto al objetivo marcado por Bruselas deben atribuirse a la Seguridad Social y a las comunidades autónomas. En el primer caso, por la sobrecarga que ha supuesto para el organismo el elevado ritmo de crecimiento de las prestaciones por desempleo. En el segundo, porque pese a haber acometido también una reducción importante del déficit, las regiones han incumplido de forma global el objetivo que se les había impuesto. Las corporaciones municipales han tenido un comportamiento excepcional y han cerrado por debajo del umbral marcado por Hacienda.

 

El balance de año que España presenta como credencial ante Bruselas y los mercados financieros no solo resulta excepcional por la magnitud del ajuste, sino también por las condiciones en que ha sido realizado. Al revés que en las cinco ocasiones anteriores, nuestro país no ha podido recurrir en esta ocasión a la herramienta de una política monetaria propia, además de haber realizado el ajuste en un escenario económico de extraordinaria adversidad. Ese titánico esfuerzo de contención y sacrificio en todos los órdenes de la vida económica ha sido fruto del conjunto de la población española –que ha aguantado y continúa aguantando el tirón de forma ejemplar y con una más que meritoria moderada conflictividad de carácter social–, pero también lo ha sido de las decisiones –a menudo, incómodas– del propio Gobierno. Unas medidas que han sido bien recibidas en los mercados financieros y que han contribuído a rehabilitar la imagen de España como un país capaz de cumplir con sus compromisos. Prueba de ello es la disponibilidad de Bruselas para estudiar una ampliación del plazo para que España ponga sus cuentas en orden.

Pese a que ello facilitaría extraordinariamente la tarea que España tiene por delante, la asignatura del ajuste fiscal no está ni mucho menos terminada. Es necesario continuar con la reducción de unos gastos estructurales que continúan siendo altos y asegurarnos de hacerlo cuanto antes. De ello depende que España pueda rescatar un crecimiento que resulta vital para revertir la coyuntura que vivimos y que resulta vital iniciar cuanto antes.

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