Editorial

Una mejora que lo es solo en apariencia

La creación de Sareb ha tenido un aparente efecto balsámico sobre los datos de morosidad del sector financiero al cierre de 2012. El trasvase de activos tóxicos a este banco malo desde las entidades españolas -tanto de los activos adjudicados como los créditos concedidos al sector inmobiliario- ha reducido el saldo total de crédito que registra anualmente el Banco de España y, dentro de ese total, también el saldo de créditos dudosos. Ello ha supuesto que ese capítulo haya pasado de 191.588 millones de euros en noviembre a 167.447 millones en diciembre, mes de constitución de Sareb. Como consecuencia de ese efecto, la tasa de morosidad del sistema financiero español ha cerrado el año en un 10,44%, lo que constituye el primer descenso tras 17 meses de subidas y también su cota más baja desde 2012. Se trata, sin embargo, de una mejora solo aparente, que no se sustenta en una reducción real de la morosidad. Fuentes del sector reconocen que, pese a no poder disponer de datos estadísticos, si se descontase el efecto Sareb la morosidad probablemente habría repuntado en diciembre. No en vano, desde el mes de noviembre de 2011 los créditos dudosos no han cesado de aumentar en España, hasta superar lo que hasta antes de la actual crisis económica constituía la barrera histórica de la morosidad: la crisis de los años noventa.

Desde la banca se augura que el crecimiento de la morosidad repuntará de nuevo en enero y será una constante a lo largo de los próximos meses hasta el tercer trimestre de 2013, fecha en la que están puestas las esperanzas de un inicio de la recuperación económica. La puesta en marcha de Sareb es uno de los pilares necesarios para avanzar en el saneamiento del sistema financiero, una condición imprescindible para que el grifo del crédito vuelva a fluir, pero no constituye ni mucho menos el único factor a manejar para la mejora del mercado de crédito.

Tanto las empresas como las Administraciones públicas y las economías familiares deben continuar en el lento proceso de desapalancamiento en que está inmerso el conjunto de la economía española. A ello hay que sumar los efectos que deberían tener sobre la actividad económica las reformas estructurales que ya han sido aprobadas por el Gobierno que preside Mariano Rajoy, así como las que todavía están pendientes de aprobación, como la reforma energética o la reforma de las Administración pública. Es cierto que comienzan a vislumbrarse algunos datos esperanzadores en el horizonte -muy especialmente en el sector exterior- pero todavía habrá que esperar para que el perfil de la economía, y con ella el de la morosidad, cambie definitivamente de rumbo.