París reconoce que no cumplirá el 3% este año y pide más tiempo

La recaída obliga a la zona euro a revisar los objetivos de déficit

La realidad es tozuda y acaba imponiendo su criterio. Y ayer, tras varios meses de compromiso oficial con los objetivos de déficit público para 2013 y 2014, el calendario de consolidación presupuestaria de la zona euro comenzó a resquebrajarse tras la publicación de los datos de crecimiento, o más bien de recesión, relativos al último trimestre de 2012.

Toda la zona euro, salvo dos economías tan diminutas como Eslovaquia y Estonia, cerró el ejercicio con una caída del PIB, haciendo prácticamente imposible que varios socios cumplan sus objetivos de reducción del déficit para este año y el próximo. Como era previsible, el primer país en pedir una tregua fue Francia, incapaz ya de cerrar 2013 con un déficit público por debajo del 3% como se había comprometido con Bruselas, según reconoció su primer ministro, Jean-Marc Ayrault. Su colega de Exteriores, Bernard Cazeneuve, de visita ayer en Madrid, pidió a la Comisión Europea "un poco de flexibilidad" para evitar que nuevos recortes asfixien "los atisbos de crecimiento".

El departamento de Olli Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos, parece dispuesto a conceder esa tregua, pero solo para los países que hayan realizado ajustes significativos y que hayan cumplido los objetivos de déficit en términos estructurales (es decir, descontando el impacto del ciclo o las medidas coyunturales).

Francia no parece cumplir ninguna de las dos condiciones, lo que puede desencadenar una dura batalla diplomática en el seno del Eurogrupo (consejo de ministros de Economía y Finanzas de la zona euro), donde Berlín se niega a conceder el más mínimo respiro presupuestario.

Alemania, a diferencia de Francia, afronta el debate con los deberes hechos, pues ha cumplido con creces sus objetivos presupuestarios y roza ya el superávit. Hace 10 años, cuando el Pacato de Estabilidad saltó por los aires, Berlín y París compartían la imposibilidad de incumplir sus objetivos de déficit. Pero ahora, los problemas se concentran a un solo lado del Rin. Y las diferencias ideológicas también son más marcadas. En la capital alemana, el gobierno conservador de Angela Merkel ha convertido el rigor presupuestario en su seña de identidad. En París, los socialistas de François Hollande, que desalojaron a Nicolas Sarkozy del Elíseo con promesas de estímulo al crecimiento, se encuentran entre la espada de la recesión y la pared de los compromisos adquiridos con el resto de la zona euro.

El choque de trenes, si llega a producirse, se desencadenará a partir del próximo viernes, cuando la Comisión Europea publique sus previsiones sobre crecimiento e inflación en las cinco principales economías de la zona euro (Alemania, Francia, Italia, Holanda y España) y Reino Unido y Polonia.

El departamento de Rehn tiene la intención de aprovechar ese ejercicio para revisar el cumplimiento de los planes presupuestarios de los diferentes socios. Una ocasión perfecta para dar la señal política de una ampliación de los plazos de ajuste, que para Francia expira a finales de este año y para España, a finales de 2014.

El departamento de Rehn ya reconoce que las nuevas previsiones serán peores que las de hace solo tres meses, cuando Bruselas aventuró que la recuperación de la zona euro comenzaría en el primer trimestre de este año para cerrar el año con un crecimiento del 0,1%.

Los nuevos datos aplazan las noticias positivas hasta la segunda mitad de este año como muy pronto, y solo con una mejora muy gradual. Como consecuencia, se retrasa también la estabilización del mercado laboral, prevista por la Comisión para finales de este año. Y el paro podría seguir batiendo récords tanto este ejercicio como el próximo.

España cumple los criterios para una prórroga

El Gobierno de Mariano Rajoy negocia ya con la Comisión Europea una revisión del calendario presupuestario, que en su versión actual requeriría cerrar 2013 con un déficit del 4,5% y 2014 con el 3%.

España cumple los criterios para beneficiarse de esa relajación, pues el deterioro de su situación económica ha sido mucho mayor de lo previsto y, a pesar de ello, ha llevado un ajuste descomunal en términos estructurales (equivalente al 3,5% del PIB, según Madrid). Como primera señal de benevolencia, Bruselas ya ha anunciado que no exigirá nuevos recortes este año, lo que abriría el camino para prolongar los plazos hasta 2015, como mínimo.

Aun así, el Ejecutivo español no quiere reivindicar abiertamente una relajación de los objetivos, para no provocar la desconfianza de los mercados.

El equipo económico de Rajoy prefiere plantear la renegociación en el marco de una revisión general de los objetivos pactados para el conjunto de la zona euro. Y en ese sentido, los pésimos datos de crecimiento conocidos ayer (con caídas en Alemania, Francia, Italia, Holanda o Bélgica) resultan paradójicamente una buena noticia para la estrategia española.

El departamento de Olli Rehn, comisario europeo de Economía, reconoce que el Pacto de Estabilidad y Crecimiento permite revisar los plazos de ajuste si se produce una caída del crecimiento más brusca de lo previsto. En el caso de España, el desplome esperado para este año (-1,5%) es cinco veces superior a lo augurado por la propia Comisión hace menos de un año .

Bruselas recordó ayer, además, que el déficit se evalúa en términos estructurales, no nominales, por lo que España podría cerrar 2012 con números rojos del 7,5% (punto y pico por encima de lo requerido) y aún así cumplir con el ajuste estructural exigido (equivalente al 1,5% del PIB).