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Cameron no necesita ponerse duro

El telón se ha levantado para el próximo drama europeo, que viene con el cortejo usual de filtraciones, poses, editoriales incendiarios y, repicando como es tradición, la amenaza de un veto británico. Esta vez el centro de atención, en la cumbre de mediados de noviembre, no será el destino del euro, sino el presupuesto de la Unión Europea (UE) para los próximos siete años.

El primer ministro británico David Cameron ha amenazado durante tiempo que la tomará como un test de lo que puede obtener. Ahora, la improbable alianza de la mayoría de los conservadores euroescépticos y el partido laborista, que demandan recortes en el presupuesto de la Comisión Europea, le da una oportunidad de oro para aparecer como un realista moderado ante la UE.

En juego está aprobar los planes de la CE de 1 billón de euros equivalentes a gastos entre 2014 y 2020. A 150.000 millones al año, no es más que el 1% del PIB de la UE. Pero se trata de un aumento del 5% respecto a los niveles actuales, un poco generosos en el actual contexto.

Gran Bretaña piensa que tiene una buena oportunidad. Subir la retórica le hace parecer más dura con Europa en casa, y prepara el terreno para alguna inevitable negociación sobre los miles de millones de euros anuales que se reembolsa. Lo que ocurre es que los principales países de la UE ya están de acuerdo en que la CE está derrochando.

Las negociaciones reales se centrarán en los detalles de los recortes en el presupuesto original y dónde. Francia es reticente a recortar los subsidios agrarios, mientras que los nuevos miembros de la unión quieren preservar los fondos que ayudan a reducir las disparidades económicas.

Cameron argumenta con razón, contra la oposición, que mantener el gasto en línea con la inflación es lo máximo que podría extraer de sus homólogos. Y sabe que es lo que pasaría automáticamente de cualquier forma si el Reino Unido vetara un acuerdo. Al final podría encontrarse con la comprensión de sus socios europeos para su propio gusto.